Capítulo 1: Te la voy a cobrar, Saotome
Nabiki Tendō era diligente, astuta, pragmática. Sabía encontrar beneficio en la desgracia ajena y convertirlo en yenes contantes y sonantes. Chantajes, apuestas, favores con intereses... incluso había organizado "citas de alquiler" para compañeras endeudadas, siempre bajo reglas estrictas: nada más allá de pasear, comer o ir al cine, y solo con clientes que ella misma seleccionaba.
Pero desde que cierto chico acuatransformista irrumpió en la casa Tendō, su pragmatismo se veía, de vez en cuando, sacudido por un factor que no podía calcular: el caos llamado Ranma Saotome.
"Todo el esfuerzo valió la pena", se dijo Nabiki, sonriendo mientras sostenía el boleto que había costado semanas de trabajo extra, apuestas ganadas y favores cobrados. Guns N' Roses, en un concierto único y exclusivo en Tokio. No pensaba perdérselo por nada del mundo.
Pero el destino tiene una forma cruel —y muy irónica— de decirte "no".
—¡Regresa aquí, estúpido cerdo! —la voz de su cuñado resonó por la casa. Nabiki apenas tuvo tiempo de girar la cabeza para ver a Ranma, ahora en su forma femenina, bajita y pelirroja, persiguiendo semidesnuda a un pequeño cerdo negro con expresión maniaca.
—¡Así que quieres dormir con Akane otra vez! ¡No lo permitiré! —gritó Ranma, lanzando al cerdo con fuerza.
El proyectil porcino pasó rozando la mano de Nabiki, golpeando justo el boleto. Este salió volando en un arco perfecto, como si el universo se hubiera tomado la molestia de coreografiarlo... y aterrizó directamente en el fuego de la cocina.
En segundos, sus sueños de ver a Guns N' Roses se convirtieron en cenizas.
—Saotome... —la voz de Nabiki cortó el aire como una hoja de hielo.
Por primera vez, el aura asesina que envolvía a la joven pelirroja no era la de su prometida Akane, ni la de alguna de las otras locas que lo perseguían. No... esta vez era Nabiki. Y a diferencia de Akane, que es predecible —uno sabe cuándo, dónde y cómo esperar el golpe—, Nabiki era distinta. No había patrón. No había refugio.
La temperatura en la cocina descendió tanto que incluso la llama del fogón titiló... y se apagó.
Kasumi, que estaba cocinando, lo notó al instante. Con su serenidad habitual, cerró la llave del gas.
—Cocinaré más tarde —dijo con voz angelical... antes de retirarse. Para los estándares de Kasumi, aquello fue prácticamente correr: pasos rápidos y silenciosos hasta desaparecer por el pasillo.
—Uh... ¿Qué sucede, Na... Nabiki? ¿Te lastimaste con el cerdo? ¿O... ese papel era importante? —preguntó Ranma, sintiendo un sudor frío recorrerle la espalda mientras retrocedía un paso.
Nabiki no respondió.
—Nabiki, ¿por qué Kasumi dijo que cocinaría más... tarde? —Akane apareció en la puerta, miró a Nabiki, luego a Ranma. Reflexionó un segundo, y entonces dio un golpecito en la palma de su mano, como si hubiera resuelto un problema.
—Nop. Esto no es mi asunto —dijo, y se retiró estratégicamente. No pensaba convertirse en chivo expiatorio. No quería que, de repente, la vendieran o que sus fotos terminaran en algún país extranjero para saldar una deuda que no era suya.
—Solo era un boleto para un concierto único e irrepetible en la vida... por el cual estuve cobrando y debiendo favores durante el último año. No te preocupes, sobreviviré a esta decepción —dijo Nabiki con una sonrisa tan tranquila que helaba la sangre.
Contrario a lo que cualquiera esperaría, no explotó, no gritó, no maldijo. Solo dejó caer comentarios pasivo-agresivos como cuchillas envueltas en seda.
"Estoy jodido", pensó Ranma, imaginándose ya siendo vendido una y otra vez, tanto como hombre como mujer.
En la sala...
—Kasumi, querida hija, ¿a qué hora estará la comida? —preguntó Soun con su habitual tono amable.
Kasumi, con una sonrisa nerviosa, respondió:
—Um... creo que deberíamos pedir algo. Ranma realmente hizo enojar a Nabiki esta vez, así que... la cocina estará cerrada.
Soun palideció. En lugar de ir a reclamarle a Ranma o reafirmar su autoridad como patriarca, comenzó a sudar frío.
—Hmm... sabes, creo que sería bueno aprovechar para visitar unas termas... al otro lado del país.
—Concuerdo contigo, querido amigo. Una excelente idea para salir de la monotonía —dijo Genma, levantándose de inmediato.
—Saben... creo que también me gustaría ir —añadió Kasumi, inclinando la cabeza con su habitual dulzura.
Y así, sin más, todos comenzaron a alistarse para un viaje de al menos cinco días fuera de la ciudad.
—¡Espérenme, yo también voy! —Akane salió corriendo detrás de ellos, apenas logrando meter algo de ropa en una bolsa.
—¿No te preocupa que Ranma y Nabiki se queden solos? —preguntó Kasumi mientras cerraba la puerta.
—Me preocupa más que me vendan como esclava en Medio Oriente —respondió Akane con total seguridad, acelerando el paso.
Ranma sacó su billetera con una lágrima solitaria en los ojos.
—Está bien... pagaré el precio —murmuró, sacando diez mil yenes, fruto de semanas de ahorro.
—El boleto me costó unos cincuenta mil dólares —replicó Nabiki con calma—. Incluía una visita al camerino... y también necesitare el pago por el daño psicológico por ver mis sueños convertidos en humo.
Ranma guardó la billetera de golpe. De pronto, sintió un deseo urgente de irse a entrenar a las montañas. Dio media vuelta... pero una mano firme se posó sobre su hombro.
—Así que, querido Ranma... ¿por qué no empezamos a planear cómo me vas a pagar? —Nabiki había pasado de pasivo-agresiva a ataque frontal.
Ranma tragó saliva. Por alguna razón, no podía soltarse de su agarre.
—Uh... ¡Akane, ayúdame! ¡Nabiki va a matarme! ¡Va a vender mis órganos en el mercado negro... o peor, me venderá como esclava sexual!
Sus gritos se perdieron en el silencio.
—Oh, no seas exagerado —dijo Nabiki, entrecerrando los ojos—. Solo serás mi esclavo por los próximos cinco años. No te obligaré a hacer nada... lo harás por tu cuenta.
Ranma redobló sus esfuerzos por escapar, arrastrando a Nabiki que se aferraba con fuerza. Fue entonces cuando notó que la casa estaba vacía. Sobre la mesa, una nota:
"Ranma, más vale que soluciones esto, o ya puedes irte a vivir bajo un puente.
By: Soun Tendō"
Ranma se vestía lentamente, todavía con el rubor de la humillación en las mejillas. Horas posando para Nabiki, cubriendo lo justo, dejando el resto a la imaginación.
—Espero que con esto estés contenta... —murmuró, volviendo a su forma masculina y sintiendo un nudo en el estómago al imaginar esas fotos circulando por toda la escuela.
—Oh, es un buen comienzo —respondió Nabiki, revisando la cámara—. Ya tengo revistas extranjeras que pagarían muy bien por esto.
—¿¡Fuera del país!?
—Claro. Los chicos de la escuela, salvo Kuno, no tienen tanto dinero.
—¿Sabes qué? ¡Cambio de opinión! ¡Dame esa cámara!
—¡Ni lo sueñes! Es mía... y me lo debes.
Forcejearon, rodando hasta caer al suelo. Ranma quedó sobre ella, una mano apoyada en su pecho, en una pose que habría hecho estallar a Akane.
CLICK – FLASH
Ranma giró la cabeza. Una cámara, estratégicamente colocada, acababa de disparar. El cable que salía de ella iba directo a la mano de Nabiki.
—Oh, qué desgracia... —dijo con fingida inocencia—. La cámara se activó misteriosamente justo cuando estábamos en una posición comprometida.
Ranma se quedó helado. Solo pensar en Akane —o peor, en Akane y las demás— viendo esa foto le heló la sangre.
"Estoy muerto", pensó... hasta que algo hizo click en su cabeza.
—Sabes... tienes razón. Me tienes. Ahora soy tu esclavo de por vida. Pero si va a ser así... al menos que sea por algo que sí pasó.
Se desprendió de la parte superior de su ropa, dejando su torso musculoso a escasos centímetros de ella.
Por un instante, Nabiki abrió los ojos más de lo habitual. Un leve rubor cruzó sus mejillas antes de que recuperara la compostura.
—Jo~... entonces, querido Ranma, ¿piensas tomarme?
Ranma sostuvo su mirada. El silencio se volvió espeso, cargado de algo nuevo.
Nabiki no apartó la vista.
Ranma tampoco.
—No me tientes, Nabiki... solo me detendré si prometes destruir esa foto —dijo Ranma, intentando que su voz no delatara el nerviosismo.
—Oh, no tengo problema con eso. No eres precisamente mi tipo... pero tienes un buen cuerpo —sonrió Nabiki con malicia. El temblor en el cuerpo de Ranma fue involuntario.
—Vamos, empecemos —añadió, aflojando con un gesto suave los botones de su blusa. Un destello de piel y el encaje del sujetador quedaron a la vista. Ranma se sonrojó hasta las orejas y tragó saliva.
—Va... vamos, Nabiki... sabes que solo estás alardeando. Si lo intento...
—No alardeo, querido Ranma. Pero... ¿y tú? ¿Acaso no puedes hacerlo mientras te miro? ¿Quieres que cierre los ojos?
La Tendo del medio cerró los párpados y levantó el mentón, los labios apenas separados, como si esperara algo. En el fondo, ya sabía el resultado.
—Tú... tú... ¡se supone que solo haces esto con quien te gusta! —chilló Ranma, apartándose casi de un salto.
—Oh... así que no te gusto —Nabiki entrecerró los ojos, la voz cargada de desprecio. Con una mano, y un vaso de agua que apareció como por arte de magia, lo empapó, forzando la transformación.
La pelirroja quedó aturdida. Nabiki la apartó con un empujón suave pero firme.
—Eres patético como hombre. Si una mujer te invita, no dices algo tan cursi como eso.
Se incorporó con calma, dándole la espalda. Caminó hacia la puerta con paso lento, las caderas balanceándose con cadencia medida. Justo en el umbral, se detuvo. Giró apenas el rostro, lo suficiente para que un ojo quedara a la vista.
—¿Sabes? Deberías quedarte como chica para siempre. Mi hermana merece un hombre de verdad.
Y siguió su camino sin mirar atrás, dejando a Ranma inmóvil, atrapado entre la humillación y la confusión.
Fin del capitulo 1
Este es el primer fanfic de Ranma 1/2 puro que escribo en mucho tiempo, espero que lo disfruten, en mi blog personal, habran cositas mas explicitas, tanto en texto como en imagenes, y eventualmente un doujinshi.

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