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Capitulo dos: Segundo Asalto, ¡Nabiki aplasta!


Capitulo dos: Segundo Asalto, ¡Nabiki aplasta!... ¿Nabiki aplasta?

08:00 PM

Nabiki estaba molesta. No... estaba indignada.
Siempre había creído que su belleza era suficiente para romper cualquier contención masculina. Lo había probado una y otra vez: una sonrisa, una mirada, un gesto sutil... y los chicos caían. Invitaciones, regalos, favores. Todo sin dar nada real a cambio.

Pero con Ranma...
Con Ranma fue más lejos. Mostró piel. Provocó. Se expuso.
Y él se salió con una frase cursi: "Solo deberías hacerlo con alguien que te gusta."

"¡Ese Ranma es un mojigato! ¡Maldita sea!"
Su orgullo estaba herido. O eso se decía a sí misma.

Pero esto no se iba a quedar así.
"Voy a quebrarlo."
"Voy a hacer que se muera de ganas por meterse en mi cama... y lo voy a dejar con las bolas azules."

08:00 PM – Sala de la casa Tendō

EL sonido sepulcral de la casa era solo interrumpido por la televisión

Ranma se hundía en el sofá, con la mirada fija en la televisión. No estaba viendo nada en particular; cambiaba de canal cada pocos segundos, buscando algo que lo distrajera, algo que lo sacara de su cabeza.

Había decidido que no valía la pena seguir pensando en el incidente de la tarde. Lo empujó a un rincón de su mente, donde solo era una picazón que no se molestaría en rascar.

Y sin embargo...

"Deberías quedarte como mujer para siempre. Mi hermana merece un hombre de verdad."

CRACK.
Sus dedos se cerraron con fuerza. Sin darse cuenta, perforó el brazo del sofá. Aunque fingía que no le importaba, su cuerpo no obedecía. Cada vez que esas palabras regresaban, algo se rompía.

—Tranquilo, Ranma... alma de hielo, alma de hielo... —murmuró, bajando su temperatura corporal. El mantra funcionó. Por ahora, quizás si se mantenía alejado de ella el tiempo suficiente, esos recuerdos quedarían enterrados.

Pero Nabiki tenía otros planes.
Con la seguridad de una cazadora que sabe que su presa no escapará, avanzó con paso felino y, sin pedir permiso, se dejó caer en el sofá junto a Ranma.

—Hazte a un lado, Saotome. Quiero ver mi programa —dijo, empujándolo con naturalidad y arrebatándole el control remoto.

Ranma no respondió de inmediato.
No por el empujón.
Sino por cómo estaba vestida.

Ropa interior.
Nada más.
Ni siquiera un pijama.

—¿Qué... qué demonios haces vestida así? —balbuceó, girando el rostro pero sin poder evitar mirar de reojo.

—¿Así cómo? ¿En ropa interior?... Hace calor, y estoy en mi casa —respondió Nabiki, sentándose a su lado como si nada.

—¡Pero estás con un hombre que no es tu prometido!

—¿Hombre? —repitió ella, sin mirarlo—. Oh, por favor...

—No quiero oír de masculinidad de una mercenaria, usurera... víbora venenosa —espetó Ranma, cruzando los brazos, como si eso pudiera blindarlo de la imagen que tenía justo al lado.

Nabiki giró apenas el rostro, con una sonrisa torcida.
—Hmm~ qué adorable. ¿Eso fue una defensa... o una confesión?

Ranma intentó replicar, pero cada vez que lo hacía apartaba rápidamente la mirada del cuerpo casi desnudo de su cuñada en ley.

—¿Qué pasa, querido Ranma? ¿Te incomoda? —preguntó Nabiki, sin apartar la vista de la pantalla.

—Por favor... sabes que me veo todo el tiempo desnuda cuando me baño... al menos antes de meterme a la tina con agua caliente —Ranma infló el pecho, como si eso fuera algo de lo que estar orgulloso.

—Oh... entonces, ¿quieres decir que has tocado el cuerpo de una mujer?

—¡Por supuesto! Si no, no podría bañarme.

—No me estás entendiendo... —Nabiki giró apenas la cabeza, con una sonrisa que no llegaba a los ojos—. Me refiero a si alguna vez te has explorado en tu forma femenina.

La pregunta quebró la expresión de Ranma. Se quedó casi paralizado, apenas logrando girar la cabeza hacia ella, con horror ante la sola idea.

—Supongo que eso es un no... —Nabiki suspiró de forma teatral—. Así que asumo que tampoco has tocado a otra mujer... al menos intencionalmente. Qué decepción.

Se recostó en el sofá, cruzando las piernas con calma.
—Tienes la posibilidad de experimentar con tu propio cuerpo... —murmuró casi inaudiblemente— o el de las locas que te persiguen... —hizo una pausa— y a todas luces, la estás desperdiciando.

—¡No soy un pervertido para hacer algo como eso! —replicó Ranma, indignado, como si fuera un argumento sólido.

—Oh, Ranma... —Nabiki sonrió con calma, sin apartar la vista de la pantalla—. Lo llamas "perversión", pero es algo natural.

Giró apenas la cabeza, como si recordara algo trivial.
—Por ejemplo... antes de que llegaras, más de una vez escuché a mi hermanita Akane, al otro lado de la pared, conteniendo sus gemidos mientras soñaba con el Dr. Tofu.

Ranma se quedó helado. No supo si estaba más impactado por la imagen mental o por la naturalidad con la que Nabiki lo había dicho.

—¿Ves? —continuó ella, encogiéndose de hombros—. No es perverso. Es humano. Lo raro es negarlo.

Nabiki se llevó la mano a la boca, de forma teatral.
—Oh~ recuerdo que una vez, incluso la tierna y pura Kasumi llevó un pepino a su habitación... me pregunto para qué sería —comentó con fingida inocencia.

El rostro de Ranma se encendió hasta las orejas.
—Claro, Akane lo máximo que ha llevado es una zanahoria... podría contarte detalles~ o venderte las fotos que conseguí... —añadió, haciendo una pausa dramática mientras observaba a su presa luchar por mantener la calma.

—Pero supongo que, tal vez en realidad te gustan los hombres.

Ese comentario hizo que Ranma se cayera del sofá, con una vena hinchándose en su frente. Se puso de pie, pero antes de que pudiera replicar, Nabiki se levantó con calma en dirección a la cocina.

Al pasar frente a Ranma, dejó caer el control remoto como por accidente. Se inclinó para recogerlo, asegurándose de que su trasero quedara a escasos centímetros de su rostro.



Los instintos del joven Saotome se apoderaron de él. Antes de pensarlo, sus manos se extendieron y tomaron a Nabiki de las caderas, atrayéndola hacia sí. Ella soltó un suave —Kya~ al caer sentada sobre sus piernas, rodeada por sus brazos. Ranma podía sentir el calor de su cuerpo, su respiración rozando el cuello de ella.

Su rostro ardía, casi echando vapor por las orejas.

Parpadeó... y la imagen se desvaneció.
Nabiki no estaba allí.
Se había marchado a la cocina hacía rato.

Ranma tragó saliva, notando cómo su cuerpo había reaccionado de forma intensa a una simple fantasía. Con un gesto rápido, tomó una almohada del sofá y la colocó sobre sus piernas, intentando ocultar lo evidente.

No quería darle a Nabiki el gusto... pero ese gesto tan obvio solo hizo que ella sonriera, espiándolo desde la puerta.

Unos minutos después, regresó.
En sus manos, un pepino de tamaño moderado.

Ranma no pudo evitar que su mirada se posara en el objeto. Tragó saliva.

Nabiki se detuvo frente a él.
—Toda esta conversación me abrió el apetito... creo que voy a olvidarme de mi programa y llevarme a este bebé a mi habitación~

—¿Q-qué piensas hacer con eso? —preguntó Ranma. No fue voluntario; era algo que debía haber quedado en su cabeza, pero la presión del momento lo traicionó.

—Oh~ no deberías hacer que una chica diga eso... a menos que quieras recibir una bofetada —respondió Nabiki con una sonrisa ladeada, su voz cargada de falsa inocencia.

Se dio media vuelta, caminando con un balanceo de caderas calculado para atrapar su mirada.
En el umbral, se detuvo. Giró apenas el rostro, lo suficiente para que un ojo quedara a la vista.

—Es una pena que no haya un chico que dé la talla en esta casa~

Y desapareció por el pasillo.

Ranma se quedó mirando el umbral de la puerta por varios minutos.
—¡Esa maldita víbora! —gruñó, sintiendo la cólera de la humillación arderle en el pecho.

Esto no podía quedarse así. No iba a subir y "hacerle algo", pero... tal vez podía usar sus propios trucos contra ella.
Sus ojos se posaron en la cámara que Nabiki había dejado olvidada sobre la mesa.
"Sí... una foto de ella en algo comprometido. Con eso se le bajarán los humos."

Con pasos silenciosos, comenzó a subir las escaleras, deteniéndose apenas cuando estas comenzaron a rechinar. Su corazón se aceleró con el temor de ser descubierto antes de tiempo.

Se detuvo frente a la puerta de Nabiki, mal cerrada.
—Hmm... esta vez yo ganaré esta ronda, Nabiki —susurró, acercándose.

La abrió apenas, lo suficiente para asomar un ojo, esperando captarla en un momento embarazoso.

—¡Hmm... delicioso!~ —la voz de Nabiki lo sobresaltó.

Ranma parpadeó, desconcertado.
Allí estaba ella, sentada en la cama, con un pepino en la mano... dándole un mordisco como si fuera el manjar más exquisito del mundo.

No era la escena que había imaginado.
Pero la sonrisa que Nabiki le dedicó al verlo en la puerta... le dejó claro que, de alguna forma, ella seguía teniendo el control.

—¿Qué pasa, Ranma? ¿También tuviste un antojo femenino? —preguntó, con una mezcla de satisfacción y deleite al ver cómo se derrumbaban sus expectativas.

Ranma abrió la boca para responder, pero un destello lo cegó.
Solo entonces notó la cámara, perfectamente alineada con la puerta.

FLASH.

El obturador capturó el momento exacto en que él, con la mano aún en el marco, entraba en la habitación de Nabiki.
Casi podía escuchar la risa silenciosa detrás de esa sonrisa tranquila.

—Oh... qué coincidencia —dijo Nabiki, con un tono que no dejaba lugar a dudas—. Parece que ahora tenemos otra foto para mi colección.

+++++

Algunos minutos más tarde, Ranma se encontraba en la bañera. Las cosas no habían salido como él había planeado; este fin de semana abandonado con Nabiki se estaba volviendo peor... o mejor, dependiendo de cómo lo mirara.

Lo inquietante era que una parte de él estaba disfrutando del juego. Recordaba vívidamente a Nabiki en ropa interior, sentada a su lado en el sofá, "acomodándose" cada tanto, estirándose con movimientos y sonidos sugerentes, dejando ver justo lo suficiente para que su imaginación hiciera el resto. Y esa sucia táctica del control remoto... prácticamente restregándole su perfecto trasero en forma de melocotón en la cara.

—Maldición... —murmuró, hundiéndose un poco más en el agua.

Pensando en ocuparse de su "estrés" personalmente, intentó pensar en Akane, pero las imágenes de su cuñada se colaban una y otra vez. Sin darse cuenta, sus labios dejaron escapar un susurro:

—Nabiki...

—¿Qué sucede, Ranma? ¿Necesitas algo? —la voz llegó desde la puerta, cortando el aire como un latigazo.

Ranma abrió los ojos de golpe y se cubrió como pudo. Nabiki estaba allí, apoyada en el marco, sin un solo trozo de tela cubriendo su cuerpo.

—¡¿Q-qué demonios haces aquí?! —balbuceó, con el corazón golpeándole en el pecho.

Ella sonrió con calma, como si nada estuviera fuera de lugar.
—Me ensucié con el pepino de antes, así que necesito un baño~ —canturreó, avanzando con naturalidad hacia la bañera.

Pero Ranma se puso de pie de forma brusca. El movimiento dejó a Nabiki con una vista directa de la "espada sagrada" del joven Saotome. Por un instante, sus mejillas se tiñeron de rojo... pero antes de poder soltar algún comentario al respecto, él ya estaba saliendo, envuelto a toda prisa en una toalla, dejando tras de sí un rastro de vapor.

—Tch... ¡se escapó! —chasqueó la lengua, algo decepcionada.

Aun así, Nabiki realmente quería un baño. Molestar a Ranma había sido solo un agradable extra.
Se deslizó en la bañera, dejando que el agua tibia la envolviera. Por breves momentos, su mente se llenó de pensamientos que no esperaba: la imagen de Ranma sumergido allí segundos antes... y el recuerdo de esos músculos, de su tamaño, que la hicieron sonrojar de nuevo.

"Esa cosa ya paga impuestos" —bromeó para sí, dudando por un momento si su hermana menor podría con eso.

Se hundió un poco más en el agua, cerrando los ojos, como si así pudiera disipar esas imágenes. Pero no lo logró.

+++

Las horas pasaron. Ranma seguía inquieto en su futón. Tal vez era esa erección que no había podido apaciguar en horas... o la figura de Nabiki, que se negaba a salir de su mente. Quizá, cuando Akane volviera, intentaría tomárselo más en serio con ella. Y si no funcionaba... tal vez aceptaría los avances de Shampoo.

Este fin de semana con Nabiki había roto cada defensa, cada capa de autocontrol que había construido a su alrededor.

Pensó en "ocuparse del asunto" para poder dormir, pero el temor de que Nabiki hubiera escondido más cámaras —o que, de pronto, un flash y el sonido de un obturador lo delataran— lo mantenía en guardia.

—Debería entrenar toda la noche... sí, tal vez eso me ayude —murmuró el joven de la trenza, poniéndose de pie—. Pero primero, comeré algo.

Con sumo cuidado de no alertar a su torturadora, caminó por los pasillos a oscuras. Tenía que pasar frente a la puerta de Nabiki, entreabierta, con una tenue luz escapando de su interior.

"Maldición... solo voy a ignorarla."
Aceleró el paso.

—Hmm~ —un dulce sonido, femenino y sensual, se filtró hasta sus oídos, paralizándolo.

"No voltees... no voltees...", se repitió mentalmente.
Pero su cabeza giró.

El tiempo pareció estirarse.
Un latido.
Otro.

Sus ojos se ensancharon.
Nabiki estaba en la cama, recostada contra el respaldo, las piernas ligeramente separadas, con una mano oculta bajo sus bragas.

Sus miradas se cruzaron.
Ranma pensó que era una trampa, pero incluso Nabiki cometía errores. Esto no parecía parte de su plan.

—¿Qué pasa, Ranma? ¿Vas a salir corriendo... o serás un hombre y cruzarás esa puerta? —dijo Nabiki, con una voz que, por primera vez, tenía un matiz de sorpresa y una pizca de vergüenza. Ranma no lo notó.

Y, contra todo pronóstico, no huyó.
Dio un paso dentro de la habitación y cerró la puerta con cuidado.

Click.

El sonido del cerrojo hizo que el corazón de Nabiki se acelerara. Más aún cuando vio que Ranma no hacía nada por ocultar el bulto en sus pantalones.

"Creo que definitivamente me pasé de la raya" —pensó, viendo a su cuñado caminar hacia la cama.

—Oh~ e... estás a un paso más de que te reconozca, Ranma~ —dijo Nabiki con un quiebre inicial en la voz. Tragó saliva, intentando usar otro recurso para que él se retractara, para no quedar como alguien que ladra pero no muerde.

—Pero... ¿estás listo para pa-pagar el precio de seguir adelante? —casi mordiéndose la lengua, hizo una pausa, esperando una respuesta.

Ranma solo asintió en silencio. Subió a la cama, apoyando primero una rodilla, luego una mano para sostenerse, acercando su rostro a pocos centímetros del de Nabiki. Sus miradas se cruzaron.

Nabiki tragó saliva, sintiendo que perdía el control, algo que no le gustaba. Y sin embargo, no se detendría. Nabiki no da marcha atrás... a menos que seguir adelante signifique perder. Y ella, definitivamente, pensaba ganar esta ronda.

Cerró los ojos, levantó el mentón. El tiempo se estiró. Pensó que tal vez Ranma se iría de nuevo...

Y, sin embargo, algo suave rozó sus labios.

Fin.


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