Chapter 17: Polvo de reconciliacion
Con esto iniciamos el siguiente arco, por supuesto, esto es el aperitivo, el plato fuerte vendra mañana.
BENDITO SEA EL POLVO DE RECONCILIACION
POV Kazuma
No me pregunten cómo ni por qué, pero el caso es que estoy encerrado en un calabozo. Al parecer, soy sospechoso de un supuesto atentado contra la princesa Henrietta, quien estaba encabezando un desfile para celebrar la victoria contra la invasión de Albidon.
Curiosamente, esta vez no fue culpa de Aqua, sino mía. Se me ocurrió la brillante idea de hacer algo de exhibicionismo durante el desfile, pero Louise no estaba de acuerdo.
—¿Qué estás haciendo, Kazuma? No digo que no me guste la idea, pero no puedes hacer eso en el desfile de la princesa —me dijo antes de darme una patada en la espinilla. Terminé saltando de dolor, tropecé y caí justo frente al carruaje de la princesa. Inmediatamente, los guardias me rodearon y, sin darme oportunidad de explicarme, me arrastraron hasta aquí.
—Soy Agnès Chevalier de Milan, encargada de proteger a Su Majestad Henrietta. Dime, plebeyo, ¿cuál fue tu intención al saltar frente al carruaje? —La mujer caballero que me interrogaba mientras estaba encadenado tenía un aire intimidante. Era rubia, de carácter fuerte, con el cabello medianamente largo y un peinado algo desordenado que dejaba claro que era una mujer.
—¡Ya te lo dije, solo me tropecé y caí! Además, no soy un plebeyo, ¡soy Satou Kazuma Von Belzeg, duque del reino de Belzeg! —Por supuesto, mi respuesta provocó una sonrisa burlona en Agnès.
—No existe tal reino, y no tienes la apariencia de un noble.
Esta mujer... ¿Debería dejar de jugar al prisionero y darle una lección? No, probablemente sea una terrible idea. Henrietta es una buena persona, no quiero causarle problemas.
Fue entonces cuando la misma princesa llegó al calabozo.
—¡Su Majestad! Aún no logro la confesión del sospechoso —dijo Agnès.
—No hace falta. Él no es un sospechoso, podría decirse que es un valioso amigo.
—¿Amigo? —murmuré sin darme cuenta. La princesa me miró a los ojos con una expresión triste.
—¿No lo somos?
¡Claro que somos amigos!
—Correcto. Entonces, como tu amiga, tengo que pedirte un favor... Agnès, libéralo.
—Pero, Su Majestad...
—No es un prisionero, es un aliado valioso.
Agnès me quitó las cadenas a regañadientes y salió de la celda tras la insistencia de la princesa. En ese momento, Henrietta tomó mis manos y las colocó sobre su pecho, arriba, por supuesto, sin ninguna intención inapropiada.
—Señor Kazuma, ¿sería tan amable de prestarme su fuerza cuando llegue el momento?
—¿Mi fuerza?
—Así es. Sé que es un mago capaz, con habilidades únicas. Realmente me sería de gran ayuda si, cuando llegue el momento, pudiese protegerme.
Normalmente diría que no. La verdad, prefiero no arriesgar mi pellejo. Pero... mis ojos se desviaron por un momento hacia su pecho, moviéndose con su respiración. Me sonrojé y perdí la lucidez mental por un instante.
—Sí, le ayudaré en lo que pueda... —Cuando me di cuenta, ya no podía retractarme de mis palabras, pero añadí rápidamente—. Aun así, mi prioridad es Louise y mi hijo en camino. En tanto ellos no estén en peligro, haré lo posible por ayudarle.
—Entonces, estaré contando contigo... y sabré recompensarte apropiadamente —dijo Henrietta con un tono que hizo que mi corazón se acelerara. Claro, he estado con varias chicas desde que vine a este mundo, pero eso no significa que este tipo de tácticas dejen de ser efectivas.
Tragué saliva y la miré directamente a los ojos, atrayéndola hacia mí con suavidad.
—No te preocupes, princesa, yo me encargaré de mantenerte a salvo —respondí con un aire de confianza, añadiendo un toque de encanto. Por unos momentos, Henrietta se sonrojó, pero antes de que pudiese decir algo más, la puerta del calabozo se abrió de golpe. Era Louise.
Esperaba que se reuniera conmigo con alguna expresión de preocupación, tal vez algo como "Kazuma, estaba preocupada por ti". Pero en lugar de eso, corrió directo hacia mí y me dio otra patada en la espinilla.
—¡Awwwwww! ¿Por qué hiciste eso? —protesté, queriendo responderle, pero por el bien de nuestro hijo decidí contenerme. Louise ignoró completamente mi queja y fue directamente hacia la princesa, tomándola de las manos mientras la miraba fijamente.
—Princesa, este perro no te ha hecho nada inapropiado, ¿verdad? —preguntó Louise, con preocupación evidente en su voz.
Me crucé de brazos, murmurando lo suficientemente bajo para que apenas me escuchara:
—¡Oye! ¡Fuiste tú la que saltó sobre mí!.
Ver cómo Louise se sonrojaba intensamente era demasiado divertido, incluso si sabía que me iba a golpear otra vez por mi comentario.
—¡Cállate, sucio perro! —respondió, visiblemente avergonzada.
Sin perder tiempo, me escondí detrás de Henrietta. La princesa, con su eterna amabilidad, intercedió rápidamente.
—Calma, Louise. Kazuma no me haría nada raro sin mi permiso —dijo con una cálida sonrisa. Luego extendió su mano y tocó suavemente el vientre de Louise. Aunque aún no había señales visibles, Henrietta parecía saberlo perfectamente.
—Deberías cuidarte más, Louise. Aunque... ¿Tus padres ya saben?
Louise se quedó congelada por un momento. Era obvio que había intentado enterrar ese pensamiento en lo más profundo de su mente. Y sinceramente, yo tampoco quiero imaginarme yendo a su casa para decir: "Hola, padre. Hola, madre. Su hija y yo vamos a tener un bebé". Solo pensarlo me hace creer que probablemente querrían decapitarme en el acto.
Mientras tanto, en la Academia Mágica de Tristein...
—¡¿Cómo pudiste?! ¡Traidora! ¡Masoquista incurable! ¡¿Cómo es que participaste en algo tan... tan sucio?! —gritó Megumin, mientras sacudía desesperadamente a Darkness por los hombros, su indignación brotando en cada palabra. La joven arquimaga no podía creer lo que había escuchado: Darkness había pasado la noche con Kazuma y Louise. Aunque lo que realmente había ocurrido era mucho menos dramático de lo que Megumin imaginaba.
Darkness, con las mejillas ruborizadas, suspiraba al recordar su experiencia. No había sido nada indebido ni íntimo o eso decia ella. Simplemente había sido utilizada, literalmente, como una mesa de juegos para Kazuma y Louise, juegos sucios, aun recordaba ese olor almizclado de la habitación como Louise gemía estando sobre ella, siendo embestida por Kazuma, incluso la obligaron a limpiar a Louise con su lengua después. Pero para Darkness, este trato indiferente era una fuente de inesperado... deleite.
—Megumin, no es como piensas —comenzó Darkness, intentando defenderse. Sin embargo, su tono apenas ocultaba su peculiar satisfacción—. Además, no fue nada serio, simplemente ayudé a... facilitar las cosas.
—¡¿Facilitar las cosas?! ¡No me vengas con excusas absurdas! —replicó Megumin, intensificando las sacudidas como si quisiera borrar la expresión soñadora del rostro de Darkness—. ¡Esto no habría pasado si no fueras tan... tan tú!
Desde su improvisado sofá burbuja en una esquina de la sala, Aqua observaba la escena con una bolsa de papitas en la mano, absolutamente despreocupada.
—Vamos, Megumin, esto es lo que pasa cuando alguien duda tanto. Si desde el principio hubieras aclarado tus sentimientos hacia Kazuma, tal vez las cosas serían diferentes —comentó Aqua con una sonrisa ligeramente burlona, lanzando una papa al aire y atrapándola hábilmente con la boca.
—¡Cállate, diosa de los baños! ¡Tú tampoco estás libre de culpa! ¡Te pasaste semanas sin encontrar a Kazuma y no creas que no sé que has estado demasiado cerca de él! —espetó Megumin, apuntándola con un dedo tembloroso de furia.
Aqua infló las mejillas, indignada, y respondió con aires de superioridad:
—Soy la diosa del agua, no "la diosa de los baños" ni "la diosa de los líos amorosos". Además, aunque Kazuma es... medianamente impresionante, si llegara a tener hijos con él, ¡no podría seguir siendo una diosa! No seas ridícula.
Megumin cruzó los brazos, fulminándolas con la mirada. Darkness y Aqua parecían demasiado cómodas, como si su indignación fuera un simple espectáculo para su entretenimiento. Pero para Megumin, esto solo aumentaba su frustración.
Megumin continuó con su berrinche, con lágrimas de frustración comenzando a acumularse en sus ojos.
—¡Ya veo! Nadie está de mi lado... Entonces, solo queda una cosa por hacer... ¡Más oscuro que la noche más sombría, más rojo que la sangre misma! —comenzó a recitar dramáticamente, canalizando su maná en un intento de desencadenar una magia explosiva como acto final de liberación.
—¡Para, Megumin! ¡Hay mucha gente inocente en la academia! —exclamó Darkness, entrando en pánico al ver la intensidad del maná que rodeaba a la joven arquimaga.
Sin embargo, Aqua, quien había recuperado su divinidad y adoptado una actitud más relajada desde entonces, simplemente observó la escena con una mezcla de curiosidad y leve fastidio. Chasqueando los dedos con aire despreocupado, la magia de Megumin se desvaneció al instante, como si nunca hubiera estado allí.
—¡Otra vez tú! —protestó Megumin, cruzando los brazos, visiblemente irritada—. ¡Deja de hacer eso! ¿Cómo esperas que me desahogue si no puedo usar mi explosión mágica?
Aqua se encogió de hombros y respondió con su típico tono de pereza:
—Tienes a Kazuma para eso.
El comentario de Aqua cayó como una bomba, provocando que Megumin se sonrojara furiosamente mientras balbuceaba una protesta incoherente. Darkness, por su parte, trató de ocultar su sonrisa, aunque el leve temblor de sus hombros la delataba.
—¡Eso no tiene nada que ver! —gritó Megumin finalmente, apuntando un dedo acusador hacia Aqua, quien simplemente continuó comiendo papitas, disfrutando del caos con evidente satisfacción.
POV Kazuma
Cuando la princesa se retiró, Louise dejó de lado su actitud agresiva y, en lugar de eso, me abrazó con fuerza, mirándome directamente a los ojos.
—¿Sabes? Podríamos divertirnos un poco aquí en el calabozo antes de regresar... —dijo con una sonrisa traviesa.
Por supuesto, no iba a rechazar semejante oferta. Sin embargo, justo cuando la situación empezaba a ponerse interesante, la puerta del calabozo se abrió de golpe y apareció Agnès, aclarando la garganta para hacerse notar.
—Señorita Vallière, Señor Satou... Por favor, este no es un lugar para juegos —dijo, con el rostro ligeramente sonrojado al entender perfectamente lo que estaba ocurriendo.
Louise hizo un puchero y, después de un resoplido, comentó:
—Aburrida... —al tiempo que comenzábamos a retirarnos de forma cooperativa. Sin embargo, justo antes de cruzar la puerta, Agnès se volvió hacia mí y, con el ceño fruncido, me lanzó una advertencia.
—Satou... Más vale que mantengas tus manos lejos de la princesa.
No pude evitar sonreír y, con mi habitual falta de filtros, respondí:
—¿Así que estás enamorada de ella o algo así?
El comentario fue suficiente para ponerla nerviosa. Agnès se quedó paralizada por un segundo antes de responder, visiblemente alterada:
—¿Qué, qué, qué estás diciendo? ¡Yo solo soy una plebeya con el título de caballero! —exclamó, como si el único problema fuera su estatus.
Era difícil no notar la leve agitación en su voz, lo cual me hizo pensar que, después de todo, quizás había dado en el clavo. Me crucé de brazos y sonreí para mis adentros mientras nos alejábamos.
El viaje de vuelta a la Academia fue rápido gracias a mi magia de teletransportación. Al llegar al patio, me encontré con una escena que no esperaba: una pelea épica entre Darkness y Megumin estaba en pleno apogeo. Megumin estaba encima de Darkness, ambas completamente rojas, sudorosas y jadeando. Desde lejos, casi parecía algo inapropiado, pero al acercarme un poco más, quedó claro que se trataba de una pelea física. Megumin tiraba furiosamente del cabello de Darkness, mientras esta última intentaba mantenerla a raya con una mano en la frente, aunque llevaba su habitual sonrisa de satisfacción.
—¡Admítelo, Darkness! ¡Eres una masoquista sin remedio! ¡Incluso disfrutaste cuando Kazuma te convirtió en una mesa de juegos! —gritó Megumin, tirando con más fuerza del cabello de la cruzada.
—¿Y quién tiene la culpa de que no fueras tú la que estuviera en ese lugar? ¡Si no te tomaras tanto tiempo para decidirte con Kazuma, esto no habría pasado! —respondió Darkness, aunque su tono de voz traicionaba cierto placer mientras esquivaba otro tirón.
—¡Eso no tiene nada que ver! —replicó Megumin, frustrada, mientras intentaba empujar a Darkness al suelo nuevamente—. ¡Tu problema es que disfrutas cualquier cosa que haga sufrir a tu dignidad!
—¡Y tú siempre gritas "explosión" como si fuera la solución a todos tus problemas! —contestó Darkness, riendo mientras bloqueaba otro intento de Megumin por derribarla.
No pude resistir el impulso de intervenir.
—Vaya, y pensar que se volvieron tan cercanas... aunque deberían buscar un cuarto para esto —bromeé con sarcasmo, observándolas desde una distancia segura.
Como si mi comentario hubiese activado un resorte, ambas se separaron de inmediato. Megumin se cruzó de brazos, mirándome con indignación.
—¡No es lo que parece! Darkness simplemente no sabe cuándo rendirse... y yo... ¡yo solo estaba defendiéndome! —protestó Megumin, roja como un tomate.
—Yo tampoco lo veo como algo raro. Megumin estaba haciendo un buen intento por dominarme, aunque sigue sin éxito —añadió Darkness, todavía con esa sonrisa que lograba hacerla parecer completamente despreocupada.
—Qué amigas más raras tienes —comentó Louise, quien observaba toda la escena con una mezcla de incredulidad y diversión. Antes de que pudiera decir algo más, se giró hacia mí, me dio un beso rápido y, para cerrar con broche de oro, añadió una nalgada antes de alejarse unos pasos.
Pude sentir cómo la mirada de Megumin se llenaba de fuego, claramente dirigida hacia Louise.
—¡Tú! —gritó Megumin, con un dedo tembloroso apuntando hacia Louise—. ¡Esto es culpa tuya!
—Oh, ¿de verdad? —respondió Louise con una sonrisa maliciosa—. Es un poco tarde para competir, ¿no crees?
Mientras trataba de contener la risa, me quedé observando el inicio de otro posible enfrentamiento, desearía poder hacer aparecer palomitas de maíz, o papitas como Aqua, ¿Me pregunto si podre aprender a hacerlo? Deje esos pensamientos atrás rápidamente y seguí observando la escena.
Louise, con su habitual actitud desafiante, decidió rematar la situación con un comentario que dejó a todos en silencio por un momento.
—Pero soy generosa. Si te arrodillas y me lo pides, tal vez lo comparta contigo~ —dijo con una sonrisa maliciosa, mirando directamente a Megumin.
Megumin, incapaz de contener su indignación, intentó lanzarse sobre Louise, pero fue detenida por Darkness, quien se encontraba en un dilema interno. Por un lado, pensaba: "Me habría gustado que ella me dijera eso a mí", mientras que por otro lado se debatía con: "No puedo creer que le digas algo así a la pobre Megumin".
Por supuesto, yo tampoco iba a permitir que atacaran a Louise, especialmente en el estado en que se encuentra. Aunque, siendo honesto, Louise debería aprender a moderar su comportamiento. Tendré que hablar con ella más tarde sobre esto.
—¡Kazuma, tranquiliza a la loli! —exclamó Louise de repente, señalándome antes de marcharse sin mirar atrás. Su tono y actitud dejaban claras las implicaciones de sus palabras, y no solo yo las entendí, sino también Megumin.
—¿¡A quién llamas loli!? —gritó Megumin, indignada, mientras forcejeaba para liberarse de Darkness—. ¡¿Ya te viste en un espejo?!
Louise, sin perder la compostura, se cruzó de brazos y respondió con una sonrisa triunfante:
—Sí, ya lo hice, y estoy más buena que tú.
El comentario fue suficiente para que Megumin intentara redoblar sus esfuerzos por liberarse, pero Darkness la mantenía firmemente sujeta, aunque con una expresión dividida entre la diversión y la incredulidad.
—Ya, ya. Ya te dieron permiso de ir a jugar con Kazuma —intervino Aqua, tratando de calmar a Megumin mientras le metía unas papitas en la boca para distraerla, cuidando de que no le mordiera los dedos.
Megumin, aunque claramente molesta, se apresuró a tragarlas, pero no dejó pasar la oportunidad de protestar.
—¡Oye! ¡Eso no es lo que buscaba! —gritó, sonrojándose furiosamente mientras se cubría el rostro con ambas manos.
La habitación estaba en silencio, salvo por el leve sonido del viento que se filtraba por la ventana. Darkness había tenido la amabilidad de dejarnos solos, y ahora Megumin estaba sentada en la cama, lo más lejos posible de mí. Su postura rígida y la forma en que evitaba mirarme directamente dejaban claro que esta no iba a ser una conversación fácil.
—No puedo creer que no me esperaras —dijo finalmente, rompiendo el silencio. Su voz temblaba, pero trataba de mantenerla firme—. ¿Acaso no significaba nada para ti? ¿Todo lo que pasamos juntos fue en vano?
Suspiré, cruzando los brazos mientras la miraba con calma.
—¿Esperarte? —respondí, con un tono que no ocultaba mi incredulidad—. Megumin, cuando estábamos uno al lado del otro, tuviste muchas oportunidades. Pero cada vez que intenté dar un paso adelante, tú te retractaste. ¿Y ahora vienes a reclamarme? No tienes derecho.
—¡Eso no es cierto! —gritó, levantándose de la cama con los puños apretados—. ¡Yo solo quería que fuera especial, que fuera el momento perfecto! ¡No es mi culpa que tú seas tan impaciente!
—¿Especial? —repliqué, levantando una ceja—. ¿Sabes qué es especial? Tener a alguien que no duda, que no se retracta cada vez que las cosas se ponen serias. Louise no dudó. Por eso estoy con ella ahora.
—¡Eres un idiota! —gritó, con lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos—. ¡Un egoísta que solo piensa en sí mismo!
—Y tú eres una niña caprichosa que no sabe lo que quiere —respondí, sin levantar la voz, pero con firmeza. La vi tambalearse ante mis palabras, como si hubieran golpeado más fuerte de lo que esperaba.
Por un momento, el silencio volvió a llenar la habitación. Megumin se sentó nuevamente en la cama, esta vez con la cabeza baja, mientras las lágrimas comenzaban a deslizarse por sus mejillas. Me acerqué un poco, manteniendo mi distancia, pero lo suficientemente cerca para que pudiera escucharme claramente.
—Es tarde para cambiar nada —dije, con un tono más suave, pero igual de firme—. No voy a dejar a Louise, ni mi estilo de vida actual. Pero tienes que decidir si quieres ser parte de mi vida o si prefieres regresar a Axel. Puedo usar Teleport en ti para enviarte de vuelta si eso es lo que quieres.
Megumin levantó la cabeza, mirándome con una mezcla de dolor y confusión. Era evidente que estaba en un dilema interno, luchando entre su orgullo y sus verdaderos sentimientos. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, habló.
—Quiero seguir a tu lado —dijo, con la voz quebrada pero decidida—. Aunque no sea la única, quiero estar contigo.
Me acerqué un poco más, colocando una mano en su hombro. Ella me miró, y por primera vez en toda la conversación, vi algo más que dolor en sus ojos. Había determinación.
—Entonces quédate —respondí, con una leve sonrisa—. Pero no olvides que esto es tu decisión.
Megumin asintió, y antes de que pudiera decir algo más, me incliné hacia ella y le di un beso suave. Fue un momento breve, pero lleno de significado. Cuando nos separamos, ella parecía más tranquila, como si finalmente hubiera encontrado algo de paz.
Aproveché su momento de vulnerabilidad para cargarla y llevarla a un lugar más privado, lejos del caos del patio. Mientras tanto, Darkness, Aqua y Louise abandonaron la escena, cada una con expresiones que reflejaban su propia interpretación de lo ocurrido.
La habitación estaba en silencio, salvo por el leve sonido del viento que se filtraba por la ventana. Darkness había tenido la amabilidad de dejarnos solos, y ahora Megumin estaba sentada en la cama, lo más lejos posible de mí. Su postura rígida y la forma en que evitaba mirarme directamente dejaban claro que esta no iba a ser una conversación fácil.
—No puedo creer que no me esperaras —dijo finalmente, rompiendo el silencio. Su voz temblaba, pero trataba de mantenerla firme—. ¿Acaso no significaba nada para ti? ¿Todo lo que pasamos juntos fue en vano?
Suspiré, cruzando los brazos mientras la miraba con calma.
—¿Esperarte? —respondí, con un tono que no ocultaba mi incredulidad—. Megumin, cuando estábamos uno al lado del otro, tuviste muchas oportunidades. Pero cada vez que intenté dar un paso adelante, tú te retractaste. ¿Y ahora vienes a reclamarme? No tienes derecho.
—¡Eso no es cierto! —gritó, levantándose de la cama con los puños apretados—. ¡Yo solo quería que fuera especial, que fuera el momento perfecto! ¡No es mi culpa que tú seas tan impaciente!
—¿Especial? —repliqué, levantando una ceja—. ¿Sabes qué es especial? Tener a alguien que no duda, que no se retracta cada vez que las cosas se ponen serias. Louise no dudó. Por eso estoy con ella ahora.
—¡Eres un idiota! —gritó, con lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos—. ¡Un egoísta que solo piensa en sí mismo!
—Y tú eres una niña caprichosa que no sabe lo que quiere —respondí, sin levantar la voz, pero con firmeza. La vi tambalearse ante mis palabras, como si hubieran golpeado más fuerte de lo que esperaba.
Por un momento, el silencio volvió a llenar la habitación. Megumin se sentó nuevamente en la cama, esta vez con la cabeza baja, mientras las lágrimas comenzaban a deslizarse por sus mejillas. Me acerqué un poco, manteniendo mi distancia, pero lo suficientemente cerca para que pudiera escucharme claramente.
—Es tarde para cambiar nada —dije, con un tono más suave, pero igual de firme—. No voy a dejar a Louise, ni mi estilo de vida actual. Pero tienes que decidir si quieres ser parte de mi vida o si prefieres regresar a Axel. Puedo usar Teleport en ti para enviarte de vuelta si eso es lo que quieres.
Megumin levantó la cabeza, mirándome con una mezcla de dolor y confusión. Era evidente que estaba en un dilema interno, luchando entre su orgullo y sus verdaderos sentimientos. Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, habló.
—Quiero seguir a tu lado —dijo, con la voz quebrada pero decidida—. Aunque no sea la única, quiero estar contigo.
Me acerqué un poco más, colocando una mano en su hombro. Ella me miró, y por primera vez en toda la conversación, vi algo más que dolor en sus ojos. Había determinación.
—Entonces quédate —respondí, con una leve sonrisa—. Pero no olvides que esto es tu decisión.
Megumin asintió, y antes de que pudiera decir algo más, me incliné hacia ella y le di un beso suave. Fue un momento breve, pero lleno de significado. Cuando nos separamos, ella parecía más tranquila, como si finalmente hubiera encontrado algo de paz.
Nos miramos a los ojos, durante unos momentos, ella se volvió a acercar e intercambiamos otro beso, y luego otro, haciendo el momento cada vez más intenso, más apasionado, no sé si sea lo correcto, pero no pienso detenerme
Mis manos pronto encontraron su camino debajo de la blusa de Megumin, acaricie sus pechos, primero lo hice con suavidad, disfrutando de cada instante, de cada milímetro de piel, sus pechos eran mucho más pequeños que los de Louise, pero obviamente no iba a hacer algún comentario al respecto, solos seguí disfrutando del momento, sin romper el beso, sin dejar de tocarla, hasta que ella se quedó sin aire y se separó de mi para tomar aire, la volví a besar y suavemente la recosté sobre la cama, y comencé a desvestirla, sus pezones se habían vuelto rígidos, señal de que le estaba gustando la situación, comencé a desvestirla poco a poco sin dejar de besarla.
Al amanecer, Megumin dormía tranquilamente sobre mi pecho. Sus suaves respiraciones llenaban el silencio de la habitación. Las cosas no habían salido como las planeé originalmente. En mi mente, siempre imaginé que Megumin sería la única para mí. Nunca fui alguien que jugara en varios frentes. Pero, para ser honesto, todo se salió de control. Primero, el compromiso con Iris; luego, ser invocado por Louise a otro mundo, donde, una tras otra, más chicas fueron forzando su entrada en mi vida... No, ¿a quién intento engañar? No fue el destino, ni las circunstancias. Fui yo quien permitió que todo esto sucediera.
Quizás me cansé de dejar pasar tantas oportunidades, de dar un paso atrás cada vez que las cosas podían avanzar. Tal vez simplemente me dejé llevar. Supongo que eso me convierte en basura, alguien que no supo controlar su propio destino ni las relaciones enredadas que vinieron con él.
Miré a Megumin dormida. Incluso en ese estado, se veía hermosa. El cabello caía ligeramente sobre su rostro, y su hombro descubierto atrapó mi atención. Instintivamente, la cubrí con la manta para protegerla del frío. Nuestras ropas estaban desparramadas por toda la habitación, un recordatorio del caos de la noche anterior. Pero, a pesar de todo, algo dentro de mí sentía paz en este momento.
Me moví con cuidado para no despertarla. Me vestí rápidamente y, mientras ordenaba el cuarto, mis pensamientos volvieron a lo ocurrido. Era como si hubiera cruzado un umbral del que ya no había vuelta atrás. A pesar de la culpa que se agitaba dentro de mí, no podía ignorar que esto era producto de mis propias decisiones.
Antes de salir, encargué a una de las sirvientas que preparara un baño para Megumin, que le llevaran el desayuno a la cama y algunos analgésicos. Sabía que no eran baratos, pero lo menos que podía hacer era asegurarme de que tuviera un buen comienzo de día.
En otro lado, Aqua se encontraba descansando en una burbuja de agua cuidadosamente invocada dentro de su habitación, había encontrado un gran placer en hacer mas uso de sus poderes como diosa del agua.
Darkness se encontraba ahí con ella vistiendo un camisón, aun dormia, y Aqua no tenia intenciones de despertarla, había visto la intensidad de la noche de Kazuma y Megumin usando sus poderes divinos, Darkness también miro, y pese a que alinicio disfruto de la vista, poco a poco fue sintiéndose excluida, básicamente era la única que no formaba oficialmente parte del creciente harem de Kazuma.
era mas como una mascota o un objeto, y esta bien para ella, o almenos eso es lo que ella pensó al inicio, Aqua por su parte, capaz de ver en su alma sabia que Darkness también quería ser amada, tendrá sus fetiches y cosas Raras, pero quería que Kazuma la tomara como su mujer, no como un objeto, o un juguete, si no como alguien a quien ama sinceramente.
Aqua no intervendría, si repentinamente se volviera mas perspicaz o inteligente ante los ojos de Kazuma las cosas ya no serían divertidas.
En otro lado, Aqua descansaba cómodamente en una burbuja de agua cuidadosamente invocada dentro de su habitación. Había encontrado un renovado placer en explorar más de sus habilidades como diosa del agua, disfrutando de su comodidad divina. Darkness estaba allí con ella, todavía sumida en un sueño profundo, vistiendo un delicado camisón. Aqua no tenía intención de despertarla; después de todo, sabía que la noche había sido intensa para Kazuma y Megumin.
Mientras Darkness soñaba, Aqua no pudo evitar reflexionar. Usando su percepción divina, había captado parte de las emociones que rondaban en la habitación de Kazuma y Megumin. Lo que inicialmente había parecido un espectáculo para entretenerse se tornó algo que removió pensamientos más profundos en Darkness. Aunque había disfrutado observando, poco a poco, un sentimiento de exclusión empezó a formarse en su corazón. Darkness, pese a su naturaleza peculiar y sus inclinaciones, empezaba a sentirse como alguien que orbitaba alrededor de Kazuma, pero no como una verdadera parte de su vida.
Darkness siempre había aceptado su papel de "compañera peculiar". Muchas veces, incluso bromeaba sobre ser un objeto o una herramienta más en las aventuras del grupo. Pero, en el fondo, Aqua sabía que Darkness quería algo más. Quería ser vista como alguien importante para Kazuma, como alguien a quien él pudiera amar sinceramente y no solo como una "cruzada masoquista" o un elemento de comedia.
Aqua lo entendía todo, pero no tenía intención de intervenir. Era más divertido observar cómo todo se desenvolvía naturalmente. Además, si repentinamente comenzara a actuar con perspicacia o sabiduría frente a Kazuma, las cosas perderían su caótica diversión.
Fin del capítulo.
Bien gente, hasta aquí de momento, para mantener viva la historia, aquí abajo un extra.
++++ Extra ++++
no se lo tomen tan enserio, ¿ok? estoy experimetando cosas neuvas.
En medio de sus pensamientos, Aqua dejó escapar una frase, hablándole aparentemente a la nada, pero con un tono que sugería que se dirigía a alguien que no estaba presente físicamente.
—No es así, otro yo... Más bien, mi yo original —murmuró, su voz casi un susurro—. Por favor, no me hagas tonta otra vez. Fingiré serlo por el bien de la trama, ¿ok?
Por un momento, el ambiente se cargó de una extraña energía, como si Aqua estuviera en conversación con algo más allá de la comprensión de los mortales. Sin embargo, rápidamente, su expresión volvió a ser despreocupada, con una sonrisa perezosa mientras seguía flotando en su burbuja de agua.
En un plano de existencia superior...
Diosa D: ¿Qué piensas hacer ahora? ¡Uno de tus fragmentos te descubrió!
Diosa A: ¿Qué puedo hacer? Soy maravillosa. Por supuesto que incluso uno de mis fragmentos eventualmente se daría cuenta... ¿No pasó lo mismo con tu querida mascota?
Diosa D: ¡Claro que no! A diferencia de ti, mi Shiraori solo se enteró de mi existencia porque yo lo permití. Control total, querida.
Diosa A: Oh, por favor. Como si tú no estuvieras tentada de presumir frente a tu criatura. Admitámoslo, ser divinas es un arte que ambas dominamos, aunque claramente, con mi toque de perfección, no me preocupa en absoluto.
Diosa D: Hmpf... Pero no olvides que, en tu perfección, una pizca de caos siempre parece colarse. Eso es lo que hace las cosas interesantes, ¿verdad?
Diosa D: Entonces, ¿piensas hacerle una lobotomía para hacerla tonta otra vez?
Diosa A: Por favor, tampoco soy tan cruel. Mientras conozca su lugar, no hay necesidad de preocuparse.
Diosa D: Hmpf. Siempre tan confiada. Pero recuerda, incluso los fragmentos más pequeños pueden sorprenderte si los subestimas.
Diosa A: Oh, querida. Si algo me caracteriza, es que nunca subestimo. Simplemente disfruto del espectáculo mientras todo se desarrolla según mi diseño.
Diosa D: por cierto últimamente los fragmentos del caos primordial han estado cayendo en diferentes mundos.
Diosa A: ¡si! Primero en el mundo de los 4 heroes, luego en el mundo de las 6 caras, incluso en un mundo alternativo al mundo de Eris!
Diosa D: ¿Deberíamos arreglarlo?
Diosa A: ¿Cuál es el punto? De todas formas seguirá pasando.
Kazuma: kazuma es chigon, kazuma hace que las perras agana fila
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