¡Detente Aqua! ¡No me llames Kazuko!
He cometido varios erroresde cronologia, y me he retrazado y descartado mucho material... y para empeorar, mi mano dercha vuelve a perder movilidad... en fin, nos leemos luego.
POV Kazuma
Actualmente me encuentro en el patio de la escuela, observando un espectáculo digno de un drama de guerra. Parejas abrazándose, chicas llorando desconsoladas mientras se despiden de sus amados. Todo esto por la guerra contra Albion.
—¿Por qué? ¿Por qué debes irte? —lloraba una joven de cabello castaño corto, abrazando dramáticamente a su novio. No tengo idea de quién es el chico, pero, como todos los demás varones, está en camino al frente de batalla para defender el reino.
—Montmorency, por favor, espero que me despidas con una sonrisa —dijo Guiche, con su habitual tono pomposo, dirigiéndose a su "novia". No sé cómo siguen juntos después de que él la engaña cada vez que puede... Bueno, tampoco soy la mejor persona para juzgar eso.
—¿¡Con una sonrisa!? ¿¡Sabes que podrías morir, no!? —Montmorency lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Sería un honor morir por mi país —respondió Guiche, inflando el pecho con orgullo.
—¿Qué importa el honor? ¡Si mueres, no podremos volver a vernos! —replicó ella, claramente desesperada.
—Oh, mi bella Montmorency, ¿esos son tus pensamientos hacia mí? —preguntó él, con una sonrisa que parecía sacada de una obra de teatro.
—¡Pues no es obvio! —gritó ella, casi histérica.
Suspiré mientras seguía observando la escena. Todo esto parecía sacado de un drama barato, pero no me concierne. Después de todo, solo soy un familiar, así que no tengo motivos para ir a esta guerra. Además, después del ataque de Megumin, probablemente las tropas enemigas estén desmoralizadas.
A mi lado, Louise observaba la escena con una expresión aburrida, aunque había algo melancólico en su mirada.
—Louise, no me digas que quieres ir tú también a esa guerra —le pregunté, más por curiosidad que por preocupación.
—¿Estás loco? ¿En mi estado actual? —respondió, negando rotundamente mientras acariciaba su vientre con un gesto lleno de afecto.
Pensándolo bien, si Tristain pierde esta guerra, la familia de Louise estará acabada. Incluso ella sufrirá mucho si eso ocurre. Por supuesto, preferiría huir con ella antes de que eso pase... pero nuestro hijo sería recordado como el hijo de una traidora cobarde. No, eso no es una opción. Aunque, para ser honesto, tampoco tengo intención de ir a pelear en esta guerra. Confiaré en que este reino ganará sin mi intervención.
—Sabes, ahora que lo pienso, si todos los chicos se van a la guerra... Papi Kazuma estará rodeado de todas las chicas de la academia —dije, acariciándome la barbilla mientras imaginaba la situación.
Por un momento, pensé que Louise me golpearía o algo similar, pero en lugar de eso, solo suspiró, visiblemente cansada.
—Esos tipos volverán de la guerra siendo más fuertes y con la experiencia de matar. Definitivamente te empalarán si les haces algo a sus novias mientras no están —señaló, como si fuera lo más obvio del mundo.
Y ciertamente, no quiero ganarme el odio gratuito de todos esos magos. A diferencia del mundo de Eris, estos tipos no dudarían en usar trucos sucios para ganar, o incluso magia en una pelea de espadas. Después de todo, son magos.
Mientras estaba perdido en esos pensamientos, murmullos de sorpresa empezaron a llenar el aire, desviando mi atención. Entonces lo vi: un dragón majestuoso descendiendo del cielo, sus alas batiendo con fuerza mientras se acercaba a la academia. Era uno de esos dragones utilizados por los caballeros. Aterrizó en el patio, el viento generado por su llegada causando que algunas de las chicas levantaran sus manos para protegerse del polvo.
Del dragón descendió un joven, probablemente no mucho mayor que yo. Rubia melena brillante, una figura atlética que no llegaba a lo exagerado y, para rematar, heterocromía. Porque claro, ¿por qué no añadir heterocromía al paquete?
Era, sinceramente, demasiado apuesto. Si no fuera tan alto y con una figura claramente masculina, fácilmente lo habría confundido con una chica. Su mera presencia parecía hechizar a todas las que lo veían.
—¡Waaaao, es muy lindo! —murmuró una de las chicas, llevándose ambas manos a las mejillas.
—Es como un príncipe de cuento de hadas —dijo otra, sus ojos literalmente brillando de emoción.
—¡Es mucho más atractivo que cualquier otro chico de esta escuela! —añadió una tercera, casi saltando de la emoción.
Montmorency, como era de esperarse, se apartó de Guiche y se acercó rápidamente hacia el recién llegado, su rostro completamente ruborizado mientras sujetaba sus mejillas con ambas manos. Parecía como si hubiera visto a una deidad descender directamente del cielo.
—¿Montmorency? —Guiche, claramente alarmado, la siguió, tratando de recuperar su atención.
—¿Qué? ¿Sigues aquí? —respondió ella, volviéndose hacia él con frialdad mientras entrecerraba los ojos.
Debo admitir que sentí un poco de pena por Guiche. Ser ignorado tan descaradamente en favor de otro debe ser un golpe bajo. Me sentiría bastante mal si algo así me ocurriera... Aunque, afortunadamente, las chicas locas que me rodean no se sienten atraídas por ese tipo de hombre. Megumin, por ejemplo, no le daría ni la hora a menos que admire la magia de explosión. Por la apariencia del recién llegado, parece alguien noble y bondadoso, algo que probablemente revolvería el estómago de Darkness. Y Louise... bueno, ella lo miró con algo de admiración al principio, pero luego suspiró como si no fuera la gran cosa. ¡Esa es mi Louise!
Sin embargo, el rubio no se detuvo a absorber la admiración de las chicas. En su lugar, caminó directamente hacia nosotros. ¿Eh? ¿Qué quiere conmigo...?
—Mi nombre es Julio Chesare —dijo con una sonrisa tan brillante que, honestamente, creo que vi sus dientes destellar dramáticamente bajo el sol—. Soy un enviado de Romalia y acabo de ser transferido. Es un placer conocerte —añadió, inclinándose ligeramente hacia Louise con una elegancia casi insultante.
Por alguna razón que no entiendo, no puedo odiar a este sujeto. Hay algo en él... algo que se siente diferente. Sin embargo, cuando miré a Louise, me encontré con su expresión: sus ojos estaban abiertos, claramente sorprendidos, antes de que una mueca de asco destrozara cualquier intento de cortesía.
Ah, Louise... Nunca cambies.
—Tú debes ser el rumoreado Gandalf —dijo el recién llegado mientras me saludaba. Probablemente eligió saludar a Louise primero porque es una maga del vacío, como el fundador de las cuatro naciones principales. Pude ver que intentaba actuar como si me mirara con desprecio. Pero he tratado con tantos nobles que puedo identificar perfectamente cuando alguien finge amabilidad mientras te ve por debajo. Él es todo lo contrario: trata de parecer despreciable, pero no siento que realmente me esté mirando por encima del hombro. Honestamente, eso me molesta... Es un buen tipo que quiere parecer desagradable.
Poco después, llegaron Aqua, Megumin y Darkness.
—¿Por qué tanto alboroto? —preguntó Aqua mientras observaba al joven rubio. Luego murmuró en voz baja, aunque claramente audible para mí: —Oh, es un santo... una pena que adore a un dios falso.
Por su parte, Darkness lo miró con evidente desagrado, incluso cuando él la saludó con amabilidad.
—Uh... Es un noble demasiado amable... Me da asco solo verlo —dijo con franqueza, como si su educación básica no existiera.
La única que me decepcionó fue Megumin. Cuando sus miradas se cruzaron, su rostro se encendió como un tomate.
—¡Oh! ¡Él es genial! ¡Mira esos ojos de color diferente! ¡Tienen un aire místico! —exclamó, completamente fascinada.
Bueno, era de esperarse de una chuni como ella. Si él llegara y dijera algo absurdo como que su ojo izquierdo es la puerta al cielo y el derecho la puerta al infierno, o que ocultan un poder infinito, ella probablemente caería rendida ante él... Definitivamente.
Lo que más me sorprendió fue la mirada de asombro en Julio cuando se fijó en Aqua. Esa expresión no era la de alguien que se enamora a primera vista; no, era más profunda. Era como si hubiese visto a una divinidad con sus propios ojos. No me digas que...
Julio se acercó a Aqua, y con movimientos llenos de respeto, se arrodilló ante ella. Extendió su mano para saludarla con un aire solemne, como si estuviera frente a algo sagrado.
—Nunca creí que alguna vez presenciaría a una divinidad en el mundo mortal —dijo, su voz resonando con reverencia.
Aqua, quien parecía más feliz que nunca al ser reconocida, extendió su mano con una sonrisa brillante. Julio tomó su mano y la besó con elegancia, haciendo que su gesto pareciera digno de un caballero en un cuento épico.
Por supuesto, Aqua es una diosa. Una diosa que, en su vida diaria, podría pasar por mundana y pervertida. Si este chico supiera lo humanos que pueden ser los dioses, ¿me pregunto qué pensaría? Ese pensamiento apenas cruzó mi mente cuando algo extraño ocurrió.
Las palabras que ambos intercambiaban se volvieron borrosas, distorsionadas, como si una barrera invisible estuviera bloqueando que cualquiera de nosotros entendiera su conversación. Era frustrante, pero no podía dejar de observar. Aqua sonrió de una manera que nunca había visto antes, con una gracia y un aura que realmente la hacían parecer la diosa que es. Por una vez, se veía completamente en su elemento.
Julio, por su parte, parecía igual de satisfecho. Su sonrisa tenía un matiz de alivio y orgullo cuando finalmente se puso de pie. Aunque no tenía idea de lo que se habían dicho, la conexión entre ellos era palpable, casi como si estuviera presenciando un pacto secreto entre los cielos y la tierra.
Aqua se volteo a verme, su expresión cambio a la misma tonta de siempre.
-Kazuma, Kazuma –
-Sí, soy Kazuma- respondí en nuestra habitual rutina.
-Hoy pasaras el día conmigo- sus palabras no tenían ningún significado profundo, era como uno de sus habituales caprichos, pero por alguna razón me sentía triste —¡Aqua, no decidas eso por tu cuenta! —Darkness y Megumin gritaron al unísono.
Pero Aqua las ignoró por completo.
Antes de que pudiera reaccionar, una burbuja de agua nos envolvió a ambos, y fuimos absorbidos por un charco que apareció repentinamente bajo nuestros pies.
El lugar al que llegamos... no, al que yo llegué, era extraño.
Estaba solo. Ni rastro de Aqua.
Todo a mi alrededor era de un azul cielo etéreo, infinito y sin forma. No había suelo, ni cielo, ni horizonte. Solo un inmenso y absoluto azul, uniforme, sin sombras. Era como estar flotando en una pintura sin marco.
—Encantador... —murmuré con ironía, observando el mundo más inútil y deprimente que había visto en mi vida. Tal vez, si fuera un monje ermitaño o un viejo sabio amante de la meditación, encontraría esto "espiritualmente significativo", o algo por el estilo.
Pero yo no soy esa clase de persona.
Era tan silencioso que podía oír mi propia respiración... no, incluso el latido de mi corazón, el flujo de sangre moviéndose por mis venas. Era perturbador.
—Aqua... no me digas que esto es algún tipo de castigo —pregunté con creciente inquietud. La idea de quedarme atrapado en este vacío más de diez minutos me aterraba más que un ejército de caballeros no muertos.
—¿Qué clase de idioteces estás diciendo, Kakasuma? —su voz apareció de la nada, y con ella, un brillo de luz frente a mí—. ¡La gran yo ha decidido concederte el honor de entrar a mi plano divino personal! ¡Un lugar por el que cualquier mortal daría su alma por poner un pie! ¡Así que alábame!
—Sí, claro... —resoplé, ya empezando a castear Teleport, con la esperanza de salir de ahí.
—¡¿Por qué estás intentando irte!? —su grito histérico fue lo último que escuché antes de que apareciera de golpe frente a mí, lanzándome al suelo.
Y de repente... estaba sobre mí.
Montada a horcajadas, con un conjunto de lencería que no podía —no, no debía— existir en el mundo real. Telas finas como suspiros, encaje brillante, y unos detalles azules que hacían juego con sus ojos.
—¡Tú eres el primero al que le muestro este lugar tan especial, y así me lo pagas! —dijo con un puchero, sus ojos ligeramente llorosos. Esa expresión infantil y dramática tan típica de ella... casi, casi, logra que mi corazón se enternezca.
Pero no nos engañemos.
Lo que realmente provocó una reacción —una muy humana y nada divina— fue la peligrosa cercanía de sus pechos, colgando justo frente a mi rostro. Esa visión quedó grabada en mi mente como si fuera una maldición de alto nivel. Maldita Aqua... maldita y bendita.
Ella acercó su rostro al mío lentamente, con una expresión tan seria que parecía fuera de personaje. Me tenía completamente inmovilizado, y sus labios se unieron a los míos sin dudar. Pero este beso...
¡Este beso hacía que Kirche pareciera una virgen inexperta!
La sensación era extraña. Extraña y adictiva. Podía sentir mi propio cuerpo, pero también el de Aqua. Como si compartiéramos los sentidos. Era como estar en dos cuerpos a la vez. Cuando mi erección apretaba contra mis pantalones, podía sentir, simultáneamente, cómo Aqua lo sentía presionándola desde su posición sobre mí.
Pero no se trataba solo de lo físico. Sentía mi excitación... y también la de ella. Como si nuestras emociones se retroalimentaran, alimentando un deseo mutuo que crecía en espiral.
Mi cerebro empezaba a sobrecargarse. Sabía que tenía que detenerla, que tenía que detenernos, pero por alguna razón... no podía reunir la fuerza de voluntad para hacerlo.
—Ahh... ~ —nuestros labios finalmente se separaron. Jadeaba como si hubiera corrido una maratón, mientras ella me observaba tranquila, sin mostrar señales de agotamiento. Claro, su cuerpo divino no necesitaba respirar. Si esa tonta se olvida de que soy humano, podría matarme solo con un beso... o con algo más. Aunque, pensándolo bien, morir con Aqua sentada en mi cara no sonaba tan mal.
—Aqua... estás actuando un poco extraño... —aproveché para intentar incorporarme, pero ella me empujó de nuevo contra el suelo con una sonrisa peligrosa.
—No lo arruines, Kazuma. Aquí podemos hacerlo como se debe, sin consecuencias. ~ —dijo con voz melosa. Entonces hizo una pausa, y su sonrisa se volvió aún más atrevida—. Me gustó cuando usaste mi trasero antes... pero también tengo necesidades aquí adelante, ¿sabes? ~
Señaló descaradamente su entrepierna.
En ese instante, nuestras ropas se desvanecieron como si nunca hubieran existido.
Sus caderas se acomodaron sobre mí, sus labios íntimos rozando la punta de mi miembro. El contacto fue leve, húmedo, ardiente. Me estremecí.
Pero no se apresuró. Empezó a jugar. Movía las caderas lentamente, provocadoramente, burlándose de mi ansiedad, de mi urgencia.
Las ganas de tomar sus caderas y empujarla hacia abajo eran intensas... pero por alguna razón, decidí dejarla tener el control. Al menos... por ahora.
Finalmente, dejó de jugar.
Con un movimiento lento, casi ritual, Aqua comenzó a descender sobre mí. Sus caderas bajaron con delicadeza, como si quisiera que cada milímetro fuera grabado en mi memoria. Y vaya si lo fue.
Sentí su interior abrazarme con una calidez húmeda y estrecha... pero también sentí lo que ella sentía.
Era perturbador.
No se supone que un hombre deba experimentar esto —esa mezcla de sensaciones entre lo físico y lo emocional, esa doble perspectiva de placer fundido—. Era como caer en una trampa cuidadosamente diseñada para anular mi voluntad. Pero era demasiado intenso. Demasiado real.
Mi cuerpo quedó paralizado.
Aqua descendió hasta que nuestros cuerpos quedaron completamente unidos, piel contra piel, respiración contra respiración. Un gemido suave escapó de sus labios al tiempo que su cuerpo temblaba, y yo... pude sentirlo todo. Desde dentro. Desde fuera. Desde ambos lados.
Su interior se revolvió, contrayéndose de forma casi instintiva, arrancándome una exhalación entrecortada. Era una sensación increíble. Increíblemente placentera, e increíblemente desconcertante. Y sin embargo... intrigante.
Luego empezó a moverse.
—Uh... ~
—Ahh... ~
Nuestros gemidos se entrelazaron como si nuestras voces fueran una sola. Las respiraciones se sincronizaron, los temblores compartidos. Era como si nuestras almas hubieran sido conectadas por un hechizo que ni siquiera la más lujuriosa de las magas podría imaginar.
Y entonces ocurrió.
Como si estuviéramos dentro de uno de esos absurdos animes hentai que Aqua jura no conocer, nuestros cuerpos alcanzaron el clímax al mismo tiempo. Un instante surreal, imposible, devastador.
Ella descendió completamente, y yo me corrí dentro de ella, sintiendo cómo su interior me apretaba con cada espasmo, cada estremecimiento.
Su cuerpo se desplomó sobre el mío, agotada, con la frente pegada a mi pecho. Me rodeó con sus brazos sin decir una palabra.
Yo tampoco estaba en condiciones de hablar.
Agotado física y mentalmente, sólo pude mirarla fijamente mientras recuperaba el aliento. No sabía si reír, llorar o empezar a rezar. Ha sido lo más intenso que he sentido en mi vida. Lo más peligrosamente adictivo.
No tengo idea de cuánto tiempo estuvimos en esa posición.
Cuando finalmente logré recuperar el aliento —y algo de mi cordura—, sentí que habían pasado horas... días... siglos... ¿mil milenios? Era como si mi noción del tiempo se hubiera roto irreversiblemente. Tal vez para siempre.
Aqua, aún acurrucada sobre mí, bostezó como si acabara de despertar de una siesta tranquila. Su cuerpo divino —completamente desnudo y perfectamente encuadrado en mi campo visual— me miró con una expresión satisfecha... hasta que esa sonrisa se curvó en algo más pícaro. Y luego, algo profundamente aterrador.
—¡Bien! Ahora... ¡cambiemos! —exclamó con entusiasmo.
Un destello de luz azul la envolvió, y antes de que pudiera siquiera reaccionar...
Ya no era Aqua.
Bueno, sí era Aqua... pero con cuerpo masculino. Altura imponente, músculos marcados, cabello brillante, y lo más preocupante: un miembro erecto tan ridículamente grande que merecía su propio código postal.
—Aqua... no bromees con eso —dije, intentando mantener la compostura, aunque mis labios temblaban como gelatina.
Entonces lo noté.
—¿Por qué mi voz es más aguda...?
Un escalofrío me recorrió la espalda mientras bajaba la mirada. Mi estatura se había reducido, mis hombros eran más estrechos, y... mis pectorales ahora eran un par de pechos femeninos demasiado atractivos para mi tranquilidad. Bajé más la vista y...
Mi fiel compañero de batalla... había desaparecido.
En su lugar, había partes femeninas. Demasiado femeninas. Trágicamente femeninas.
—¿¡Qué demonios!? ¿¡Acaso fui a Jusenkyo sin darme cuenta!? —solté, riendo nerviosamente mientras recordaba aquellas viejas leyendas urbanas de Nerima.
—Hmm... Veo que te lo estás tomando mejor de lo que esperaba —dijo Aqua, ahora con una voz masculina grave y profunda como el trueno.
Ese tono reverberó dentro de mí... literalmente. Sentí un pequeño shock eléctrico en lugares donde hasta hace unos minutos no tenía terminaciones nerviosas.
Mis piernas temblaron.
—Deja de bromear, Aqua... —le pedí con voz temblorosa.
—¿Bromeando, Ka-zu-ma~? —respondió acercándose peligrosamente—. No, no, no... ahora debería llamarte... ¿Kazuko?
Su sonrisa era la de un depredador hambriento que acababa de descubrir que su presa se había servido sola en bandeja.
—¡Para, Aqua! ¡Para! ¡AAAAAAAAAAAAAAHHH!
¡KONOSUBAAAAAAA!
En otro lugar... más precisamente, en la academia mágica del Reino de Tristain.
—¡No puedo creerlo! ¡Voy a patear el trasero de esa tonta cuando regrese! —Megumin gritó indignada, apretando su bastón con fuerza.
—¡No es justo! ¡Aún no he tenido mi turno! —chilló Darkness desde un rincón oscuro de la habitación.
Era, lamentablemente para ella, la única virgen del grupo en ese momento. Y aunque una parte de su retorcida mente masoquista encontraba cierto deleite en ser ignorada y humillada, otra parte —la más humana— se sentía frustrada. Ella también quería tener su momento.
Louise las observaba en silencio, cruzada de brazos, con una mezcla de resignación y cansancio. Ella fue la pri... no, la segunda en estar con Kazuma (¡ese maldito se había acostado primero con esa sirvienta!), y ahora tenía una pequeña situación más urgente que sus compañeras.
Estaba embarazada.
Y lo peor... era que aún no sabía cómo se lo iba a explicar a sus padres.
"Probablemente decapiten a Kazuma...", pensó. Aunque, siendo honesta, no estaba del todo en contra de eso.
La atmósfera tensa fue súbitamente interrumpida por un fuerte ¡bam! al abrirse la puerta.
Kirche irrumpió en la habitación con la gracia de un terremoto. Su cabello rojo flameante, su piel morena reluciente y, por supuesto, sus pechos obscenamente grandes —los cuales rebotaron tres veces con cada paso que dio— se robaron por completo la atención de la sala.
Megumin y Louise la miraron con ojos entrecerrados, compartiendo sin decir palabra el mismo pensamiento:
"Es tan injusto..."
Sin embargo, contra todo pronóstico, Kirche no fue a provocar a Louise —como era lo habitual— sino que caminó directamente hacia Megumin, y sin mediar palabra, la abrazó con fuerza, hundiendo la cara de la explosiva archimaga en su monumental escote.
—¡¿Oye!? ¡¿Qué demonios haces?! —Megumin apenas logró zafarse lo suficiente para decir eso antes de ser engullida otra vez por la trampa mortal de carne blanda.
—¡Tú eres Megumin, ¿cierto?! ¡Ese hechizo que lanzaste fue maravilloso! ¡Sentí las ondas de choque directo en el útero! ¡NECESITO aprender a hacerlo! ¡Siento que mi vida nunca estará completa si no lanzo una explosión así al menos una vez!
Megumin pasó de la irritación al orgullo en cuestión de segundos. Los ojos le brillaron.
No solo alguien la admiraba... quería aprender su magia con la misma pasión con la que ella la lanzaba cada día.
Se liberó del abrazo por un instante y sus miradas se cruzaron.
Kirche tenía una expresión emocionada, como si acabara de encontrar a su alma gemela. Megumin se sonrojó levemente.
—Creo que tú y yo... nos llevaremos muy bien —dijo, antes de volver a hundirse en los pechos de su nueva mejor amiga.
Fin del capítulo.
bien oficialmente entramos en la S2, dije que actualizaría, no dije que seria largo.
honestamente, escribí mucho más, pero me equivoque de cronología, así que tuve que reescribir muchas partes.
¿Que cuando le tocara a Darkness? Jajajaja, si.
¡De momento tengo planes para la princesa, para Agnes, su segunda al mando, Montmonenci, que esperaban, Guiche se fue a la guerra que dolor que dolor que pene, digo ¡que pena!
Joder pobre de kazuma digo kazuko
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