Incidente en el Teatro p1
En el cielo.
—Así que... Kazuma-san, ¿cómo es que...? —Eris comenzó a preguntar, con la voz cargada de una curiosidad que no necesitaba respuestas.
En realidad, ella ya sabía exactamente lo que había pasado. Probablemente. Pero Kazuma jamás lo sabría... al menos no mientras su atención siguiera tan dispersa.
Si hubiese sido un poco más observador, habría notado ciertos detalles:
La ropa desordenada de Eris.
Su piel perlada de sudor.
Y, más alarmante aún, un dildo de tamaño moderado asomando debajo del dobladillo de su vestido, en el suelo, mojado.
Pero claro, Kazuma estaba demasiado ocupado conteniendo su vergüenza para fijarse en cosas tan evidentes.
—No... no quiero hablar de eso... —murmuró, con el rostro más rojo que una explosión de Megumin.
Mientras tanto, en el "plano especial de Aqua", la diosa observaba la expresión con la que Kazuma murió esta vez.
Era perfecta.
Ojos en blanco, lengua colgando, rostro sonrojado, espuma en la boca, y el pecho... bueno, lleno de marcas de chupetones.
"Definitivamente 'ahegao'," pensó Aqua, sonriendo con aire satisfecho. Una obra maestra.
Claro, ya había revivido su cuerpo. Solo faltaba que Eris enviara su alma de vuelta, antes de volverlo a la normalidad, bueno, quizás tendrían otro round antes de volverlo a la normalidad.
—Está bien, no voy a preguntar... Kazuko, pero parece que Aqua quiere otra ronda, asi que nos veremos de nuevo~ —bromeó Eris con una sonrisita justo cuando una luz envolvía a Kazuma para transportarlo de vuelta al mundo de los vivos.
—¡Espera, no—!
—¡ERIS-SAMAAAAAA!
Unas horas más tarde...
Louise se encontraba sentada en su habitación, hojeando un grueso libro de maternidad que había conseguido en la biblioteca. Aunque intentaba no pensar demasiado en cómo reaccionarían sus padres al enterarse de su embarazo, eso no era excusa para ignorar el futuro. Además, la lectura resultaba una excelente distracción del inevitable drama que se avecinaba.
Su concentración, sin embargo, se desvió cuando una burbuja azulada se formó repentinamente en el aire. Esta comenzó a expandirse, volviéndose translúcida hasta revelar la escena en su interior: Aqua cargaba a Kazuma en brazos como si fuera una princesa desmayada.
Kazuma tenía el rostro completamente sonrojado, con los ojos ocultos bajo su flequillo caído. Un aura de derrota lo envolvía.
—Kazuma, Aqua... Veo que han vuelto. ¿Se... divirtieron? —preguntó Louise, esbozando una sonrisa tan suave como ambigua. La posibilidad de lo que habían hecho la excitaba ligeramente, aunque no lo demostraba ni con un gesto físico.
—¡Oh, sí! Kazuma la pasó genial, ¿verdad, Kazucito~? —canturreó Aqua con tono travieso.
—Ugh... Aqua, solo bájame a la cama... despacio. No tengo ganas de hablar... —murmuró Kazuma, con la dignidad arrastrándose por el suelo.
Louise arqueó una ceja. Luego giró lentamente la cabeza hacia Aqua, con mirada inquisitiva.
—¿Qué le pasó?
Kazuma no respondió. Pero entonces sintió cómo Aqua apretaba levemente su pierna entre sus manos, como advirtiéndole.
—Yo... me caí —mintió sin convicción.
Aqua lo depositó boca abajo en la cama con cuidado.
—Louise, tal vez quieras ponerle un poco de hielo en el trasero~ —dijo Aqua con una sonrisa cantarina.
—¡Deja de bromear y cúrame, maldita diosa de porquería! —gruñó Kazuma desde el colchón, apretando las sábanas.
—¿De porquería? ¿A mí? ¿Estás seguro que quieres usar esas palabras...? Quizá una visita a ese lugar te refresque la memoria —le respondió Aqua con tono dulce... demasiado dulce.
—¡No, no! Quise decir Aqua-sama, ¡por favor cúrame! —chilló Kazuma, con súplica genuina en la voz.
Aqua, satisfecha, movió su mano con gracia y lanzó un hechizo de curación que envolvió el cuerpo de Kazuma con luz cálida. Luego desapareció de la habitación como si hubiese huido del crimen perfecto.
Kazuma se incorporó de golpe, completamente recuperado, aunque con el orgullo herido.
—¡Definitivamente voy a vengarme por esto, Aqua! ¡Lo juro!
Kazuma seguía tumbado boca abajo, con la cara hundida en la almohada. El hechizo de curación de Aqua había reparado su cuerpo, pero no su alma. Apenas podía pensar. Solo quería dormir... o quizás morir un poco más.
Un pequeño golpecito le sacudió una de las costillas.
—¿Qué...? —murmuró sin siquiera levantar la cabeza.
—Kazuma, —la voz de Louise era firme, autoritaria, casi impaciente— saca tu pene.
Kazuma se quedó congelado unos segundos.
—¿Q-qué...?
Louise no repitió. Solo cruzó los brazos y le dio una patadita más fuerte en la cadera.
—Ahora es mi turno.
Kazuma giró lentamente la cabeza hacia ella, con expresión incrédula.
—Louise... por favor. Apenas puedo moverme. Estoy traumatizado...
—¿Y crees que eso me importa? —dijo ella, y se subió la falda sin ninguna vergüenza. Su mirada ardía con deseo reprimido y egoísta, como una niña mimada que no iba a aceptar un "no" por respuesta, probablemente, no podría negar que ver lo húmeda que estaba Louise en esos momentos hizo que olvidara el trauma anterior, aunque sea por un momento.
—¡Soy tu Dueña, y si no quieres ser decapitado, tu esposa legal, idiota! Y si vas a estar revolcándote con esa diosa ridícula, yo también quiero lo mío. Ahora ponte de espaldas y cumple tu deber.
Kazuma abrió la boca para protestar... pero entonces notó cómo Louise, sin esperar permiso, ya había comenzado a bajarle los pantalones con movimientos torpes pero decididos.
—¡Oye! ¡Al menos tráeme un café primero!
—Oh, por favor —bufó Louise, sin siquiera mirarlo—. Si te encanta esta situación... ¿ves? ¡Ya estás listo para la acción!
—Oye... incluso un pervertido como yo tiene sentimientos, ¿sabes?
Louise se detuvo un segundo, arqueó una ceja y lo miró por encima del hombro.
—¿Entonces no quieres hacerlo?
Kazuma abrió la boca, tragó saliva y la cerró otra vez. Una batalla interna se libraba en sus ojos... pero no duró mucho.
—¡Sí quiero! ¡Pero piensa en lo que te dije!
—¿Que necesitas cariño, comprensión y un enfoque emocional más saludable en tus relaciones? —dijo con una sonrisa burlona mientras se desabrochaba la blusa.
—¡Exacto!
—Pues elegiste a la equivocada, cariño. Ahora callate y disfrutá.
Kazuma suspiró resignado mientras Louise se sentaba sobre él con toda la gracia de una princesa... o una general tomando su botín.
— Espera, ¿se podía elegir?
Louise no respondió. Solo lo miró con una expresión que decía "ya hablaremos después". Su rostro, iluminado por la suave luz de la habitación, mostraba una mezcla encantadora de concentración y placer creciente. Sus cejas se fruncían con cada movimiento, su boca se entreabría cada vez más, dejando escapar suaves jadeos que se intensificaban a cada segundo.
Kazuma la miraba desde abajo, asombrado por lo diferente que se veía Louise en esos momentos. Su rostro altanero ahora parecía vulnerable, entregado, tembloroso en la cima de su deseo. Y cuando finalmente sus movimientos se aceleraron, su expresión se tornó casi extática: ojos entrecerrados, mejillas enrojecidas, y una sonrisa entrecortada por los suspiros.
Justo cuando Louise se dejó caer sobre el pecho de Kazuma, aún jadeante, con el cabello húmedo pegado a su rostro, levantó la vista y dijo:
—No es suficiente... quiero otra ronda.
"si no estuviera ya embarazada, me preocuparía, hablando de eso, espero que esto no afecte al bebé"
Fue entonces cuando la puerta se abrió de golpe.
—¡Sato Kazuma! ¡Señorita Vallière, es una emergencia! ¡La princesa ha sido secuestrada! —la voz de Agnès retumbó como una campana.
Louise ni siquiera se molestó en cubrirse. Se giró apenas para ver quién era, con el rostro sudoroso, las mejillas encendidas y los ojos medio entornados por el esfuerzo. Su única reacción fue fruncir los labios con fastidio.
Kazuma, en cambio, emitió un quejido de pánico y se cubrió con la sábana como si fuese una armadura mágica.
Agnès enrojeció violentamente al ver la escena, dio media vuelta a toda velocidad y cerró la puerta de golpe con un torpe y avergonzado: —¡Mil disculpas!
Louise soltó una risita atrevida y gritó con voz burlona:
—¡Oye! ¡Toca antes de entrar, a menos que estés dispuesta a comerme el coño!
Del otro lado de la puerta, se oyó un golpe seco —probablemente Agnès dándose de cabeza contra la pared— seguido de un suspiro frustrado. Pocos segundos después, volvió a abrir la puerta con expresión seria, aunque aún le temblaban las mejillas de la vergüenza.
—¡No hay tiempo para decencia! ¡Esto es más importante! —exclamó, evitando mirar hacia la cama a toda costa.
Kazuma se incorporó lentamente, con la sábana aún sobre la cabeza, y murmuró con voz ronca:
—Nunca creí que diría esto... pero gracias, Dios... por las interrupciones inesperadas.
Louise lo miró de reojo con una sonrisa maliciosa.
—No te salvaste. Lo terminamos después.
Kazuma palideció.
+++++Un tiempo despues+++++
POV Kazuma
La lluvia seguía cayendo afuera, creando un suave murmullo que llenaba la habitación. Nos habíamos refugiado en una posada tras escapar de los guardias reales, y ahora estábamos aquí, solos. La princesa Henrietta se encontraba de pie, secando su cuerpo con una toalla después de desvestirse. Aunque podía sentir la tentación de mirar, me giré para darle privacidad. Podré ser basura, pero incluso yo tengo mis momentos de decencia.
—Lo siento, Kazuma... Te he pedido algo irrazonable —dijo Henrietta, su voz apenas un susurro. Sentí su rostro apoyarse en mi espalda, y el calor de su cuerpo atravesó la tela de mi camisa.
—No te preocupes —respondí, intentando mantener la calma—. Prometí ayudarte y protegerte, así que solo estoy cumpliendo con mi palabra...
Antes de que pudiera terminar, Henrietta me empujó suavemente hacia la cama y se sentó a horcajadas sobre mí. Su rostro estaba sonrojado, pero sus ojos reflejaban una tristeza profunda, casi al borde de las lágrimas. No era difícil entender cómo se sentía. Obligada a casarse con un rey extranjero, había tenido que despedirse de su amante, quien ahora estaba perdido en algún rincón de los mundos existentes, sin saber si estaba vivo o muerto. Y ahora, sola y vulnerable, buscaba consuelo en mí.
—Kazuma... —susurró, su voz quebrada—. No sé qué hacer. Todo lo que conocía, todo lo que amaba, se ha desmoronado.
La sinceridad en sus palabras me golpeó. Por un momento, el mundo exterior dejó de existir. Solo éramos nosotros dos, compartiendo un instante de conexión en medio del caos.
Ella se acurrucó en mi pecho, descansando su rostro mientras sus brazos me rodeaban con suavidad. Nuestros cuerpos compartían el calor que la lluvia había arrebatado, y en ese instante, el mundo exterior dejó de importar. Permaneció inmóvil, abrazándome como si buscara algo más que calor, como si intentara encontrar un refugio para su corazón herido. Nos cubrimos con una manta, y yo simplemente la dejé descansar, esperando que su alma encontrara algo de paz.
—Cómo envidio a Louise... —murmuró de repente, su voz apenas un susurro, cargada de melancolía—. Al menos ella te tiene a ti.
Sus palabras me golpearon más fuerte de lo que esperaba. No respondí de inmediato, dejando que el silencio llenara el espacio entre nosotros mientras intentaba procesar lo que acababa de decir. En ese momento, entendí cuán profundo era su dolor, y cuán sola se sentía.
Nuestras miradas se cruzaron. Había una mezcla de vulnerabilidad y determinación en sus ojos, y cuando habló, su voz temblorosa casi se rompió.
—Sé que tienes a Louise... pero solo por hoy, solo por esta noche... ¿puedes amarme?
Era una escena tan cliché que podría haber salido de cualquier novela de fantasía romántica barata. Ya sabes, el protagonista genérico seguramente diría algo como "no podría aprovecharme de ti" o soltaría alguna tontería moralista que solo terminaría lastimándola aún más. Pero, por supuesto, yo no soy como esos idiotas. No soy uno de esos corderos herbívoros que rehúyen cada oportunidad que la vida les lanza.
Lo que vi frente a mí no era solo una princesa suplicando por atención, era una mujer rota, buscando consuelo en un momento de desesperación. No se trataba solo de mí, se trataba de ella, de su necesidad de sentirse querida, aunque fuera por un instante.
Pero a quien quiero engañar, ella es hermosa, tiene un cuerpo fabuloso y admitiré que desde que llegue a este mundo he sido un perro en celo. ¡No voy a negarlo!
En otro lugar, Louise se encontraba en el bar Charming Fairy dirigido por el inigualable Scarron, un personaje imposible de olvidar. Con su característico vestido ajustado, labios pintados y su musculosa figura que contrastaba con su atuendo extravagante, era una presencia tan única que incluso Louise no podía evitar quedarse sin palabras al verlo acercarse.
—¡Louise-chan, llegas en un momento perfecto! ¡Necesitamos tu ayuda para la obra de teatro! —exclamó Scarron, apareciendo súbitamente frente a ella con su característico entusiasmo.
Louise soltó un pequeño chillido de susto, dando un paso atrás mientras intentaba procesar lo que acababa de suceder.
—E-estoy algo ocupada... —balbuceó, tratando de buscar una excusa para escapar.
—No digas eso, solo será por una hora —insistió Scarron, colocando una mano en su cadera mientras le lanzaba una mirada suplicante. Era difícil decir que no cuando alguien como él te pedía algo.
Antes de que Louise pudiera formular una respuesta, Aqua intervino, dando un salto de emoción y alzando las manos.
—¡Vamos, Louise! Déjale el problema de la princesa a Kazuma. Él la mantendrá a salvo... cuando la encuentre —dijo con una amplia sonrisa, claramente emocionada por la idea de participar en la obra.
Louise miró a Aqua con incredulidad, pero no podía negar que Kazuma se las arreglaba para salir adelante en situaciones complicadas. Después de unos momentos de reflexión, suspiró resignada.
—Está bien... pero solo será por una hora, ¿entendido? —respondió finalmente, cruzándose de brazos.
—¡Perfecto! —gritó Scarron, aplaudiendo con entusiasmo—. ¡Louise-chan, te aseguro que serás el alma de esta obra!
Mientras Louise intentaba procesar lo que acababa de aceptar, Aqua ya estaba completamente inmersa en la idea de convertirse en una estrella del escenario.
Pov Kazuma
Decidí corresponderle con un tierno beso. La razón de iniciar solo con eso, era para probar su determinación, si ella correspondía el beso o como lo correspondía determinarían si seguimos adelante.
Afortunadamente, ella correspondió a mi beso, dios es extremadamente buena en esto, prácticamente me estaba devorando, no se si sea por su experiencia con su amante anterior o por esa necesidad de afecto, parecía que quisiera tomar tanto de mi como pudiera, y no iba a decepcionarla.
-Hmm~. Ella gimió cuando sintió que hábilmente desabroche su sostén liberando sus pechos, quería trabajar en ellos rápidamente, pero ella no soltó el beso, por lo que fui por su trasero, metí mis manos debajo de su ropa interior y la agarre con fuerza, -hmmm~- ella gimió nuevamente separando nuestro beso, me miro desde arriba jadeando y con el rostro sonrojado, se sentó sobre mi fiel compañero que estaba listo para la acción, y se quitó el pijama rápidamente, y ahora solo tenía sus bragas, unas bragas sus húmedas y cálidas que podía sentir a través de mi propia ropa sobre mi compañero.
Ella parecía querer tomar el control, y realmente no me molesta, por lo que la deje hacer lo que quisiera conmigo, comenzó a besarme el cuello mientras desprendía mi camisa, sus besos siguieron bajando por mi pecho mi ombligo, hasta mi cintura, me libero de mis pantalones y de mi ropa interior, luego vio mi espada sagrada, gloriosa, lista para la acción.
-Es más grande... de lo que esperaba- sus palabras me llegaron profundamente, no parecía estar mintiendo, o decirlo solo por cortesía, lo tomo con ambas manos y beso la punta, mandando olas de placer hacia mi cerebro con un simple beso, luego comenzó a lamerlo, mirándome a los ojos, sonrió –Una princesa no debería de hacer esto... pero, no me importa- ella continuo esta vez lubricando mi excalibur con su lengua antes de introducirlo en su boca, claramente tenía algo de experiencia en esto, podía sentir que no tenía arcadas cuando lo metía hasta su garganta.
-Supongo que con eso es suficiente~- ella se subió nuevamente sobre mí, con una mano sobre mi pecho y la otra acomodando mi miembro,
-ah~ gemí levemente al sentir como rosaba sus labios, estaban muy calientes y húmedos, entonces con un movimiento de caderas, pude sentir como su interior me envolvía, era bastante estrecha, pero, claramente no era su primera vez, ella se sentó completamente hasta la base, y soltó un gemido fuerte.
-Vaya... nunca nada había llegado tan profundo- dijo con una risa travesía, luego me devoró con la mirada antes de besarme nuevamente, sin dejar de besarme comenzó a mover sus caderas de forma magistral, con cada movimiento podía sentir mi espada sagrada estremecerse, pero debía aguantar, no podía acabar antes que ella.
Mientras, en la Academia Mágica, Megumin se encontraba acostada en su cama, mirando al techo con una expresión de frustración. Desde que habían llegado a este mundo, Kazuma había sobornado a los dirigentes de la Academia para conseguirle una habitación libre, la cual compartía con Darkness. Sin embargo, incluso en la tranquilidad de su cuarto, Megumin no encontraba paz.
Soltó un suspiro pesado, sintiendo cómo su usual energía comenzaba a desvanecerse. Descubrir que el maná se regeneraba mucho más lentamente en este mundo había sido un golpe duro para ella. ¿De qué servía ser una arquimaga especializada en explosiones si ni siquiera podía lanzarlas? Incluso si Aqua no hubiese detenido sus encantamientos anteriores, la verdad era que no habría podido ejecutar su hechizo de explosión de todas formas. Esa realidad la estaba obligando a replantearse seriamente su decisión de quedarse en este lugar con Kazuma.
Con cada segundo que pasaba, la idea de regresar a su mundo, a la ciudad de Axel, parecía más atractiva. Allí, aunque su vida era caótica, al menos podía ser fiel a sus principios mágicos. Aquí, todo se sentía diferente, restringido.
Fue un duro golpe cando tuvo que recurrir a manatita tomada prestada sin permiso de las pertenencias de Kazuma, cuando su hechizo no pudo activarse por la falta de mana, aun así, Kirche parecía satisfecha al ver la explosión, y comenzó a memorizar el encantamiento.
En este mundo solo se necesita saber el encantamiento, y tener un ejemplo para poder aprender la magia, ni se necesitan puntos de habilidad o una tarjeta de aventurero, es un mundo muy loco según la perspectiva de Megumin.
Y entonces, sus pensamientos se desviaron hacia Kazuma. Recordó momentos en los que sentía que la había manipulado, persuadiéndola con sus palabras para que se quedara. Su sangre comenzó a hervir al recordar esos instantes. ¿Quién se cree ese idiota para jugar con mis decisiones? pensó, apretando los puños con fuerza. ¡Necesito vengarme!
Sin embargo, a pesar de su furia, una pequeña parte de ella dudaba. ¿Realmente podría alejarse de él? Ese dilema seguía latente en su mente, atrapándola en un torbellino de emociones.
Regresando a Aqua, se encontraba concentrada en realizar ajustes al vestuario de las actrices para la obra de teatro. Con cada puntada, lograba crear vestidos tan deslumbrantes que fácilmente podrían costar una fortuna, dignos de los más altos miembros de la nobleza. Su talento natural estaba dejando a todos maravillados, incluida Louise, quien permanecía quieta mientras Aqua terminaba de ajustar su propio vestido.
—Hmmm... —murmuró Aqua, deteniéndose un momento mientras observaba su trabajo.
—¿Sucede algo, Aqua? —preguntó Louise, intentando no moverse demasiado para no interrumpir los ajustes.
—Siento que Kazuma está haciendo algo muy estúpido... —respondió Aqua, su tono despreocupado, pero con un ligero deje de sospecha.
Louise parpadeó, su mente inmediatamente saltando a una conclusión que no la dejaba tranquila.
—Kazuma... No creerás que le haga algo a la princesa, ¿verdad?
Aqua soltó una carcajada ligera, como si la pregunta de Louise fuera de lo más inocente.
—Por supuesto que no. Él se cree diferente a los protagonistas de isekai genéricos, pero ciertamente nunca daría el primer paso.
Louise la miró con confusión, su curiosidad despertada por el término.
—Isekai genérico... ¿qué es eso?
—Ah, em, es solo algo que los dioses entendemos bien —respondió Aqua rápidamente, evitando entrar en detalles—. No te preocupes por eso. Bueno, ahora que lo pienso, si la princesa hace un movimiento, alguien sin autocontrol como Kazuma no dudaría en aceptar sus avances.
Louise suspiró, claramente preocupada por lo que Aqua acababa de sugerir, pero antes de que pudiera decir algo más, Aqua comenzó a reanudar su trabajo en el vestido, como si la conversación nunca hubiese sucedido.
Fin del capítulo.
Oh dios mío, he publicado dos capítulos seguidos... ¡debe ser el final de los tiempos!
Debido a que cometí errores en la cronología tuve que parchearlo, y pues, nos vemos en navidad :D
Hablando enserio, he estado pensando en cambiar el formato y hacer capítulos cortos mas seguido.
Bie
ResponderEliminarGracias por comentar joven, el siguiente capitulo estara esta semana, probablmente sea cap doble.
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